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30 de mayo de 2018

Un misionero extremeño asesinado hace 25 años, símbolo de la paz de Colombia


Fue su vocación misionera la que le llevó a Colombia. Cuando a comienzos de la década de los sesenta el Papa Juan XXIII pidió encarecidamente a los obispos españoles y portugueses que enviaran sacerdotes a América Latina, el padre Javier Ciriaco Cirujano Arjona fue uno de los seis que desde la Diócesis de Plasencia atendieron el llamamiento.

«Entonces allí no había curas y se necesitaban, y nos fuimos», recuerda el sociólogo, antropólogo y profesor universitario Tomás Calvo Buezas. Él fue uno de los seis sacerdotes que conformaron el grupo, igual que el padre Javier Ciriaco Cirujano. Era el año 1964 y este último cura, natural de Jaraíz de la Vera, inició entonces una labor pastoral que hoy perdura en la pobre y humilde zona colombiana de San Jacinto, localidad principal del área conocida como los Montes de María, a unas dos horas de Cartagena de Indias.

«Levantó una iglesia, un colegio de secundaria para que los jóvenes de la zona pudieran seguir estudiando, una escuela técnica...», detalla el profesor Calvo Buezas, quien no quiere que se olvide el nombre ni la obra de un hombre bueno que dedicó su vida a una tierra a la que llegó con 37 años, que hizo suya y que ya nunca abandonó.

Contra cualquier violencia

Sobre las cuatro de la tarde del 29 de mayo de 1993, cuando iniciaba el camino de vuelta a San Jacinto, su vida se truncó. «Esa mañana, sus colaboradores le habían pedido que no acudiera al poblado cercano al que tenía previsto ir, temían que le pudiera pasar algo», recuerda Tomás Calvo. Sin embargo, después de desayunar, el padre Javier Ciriaco puso rumbo a Las Lajas para cumplir con su labor pastoral. Diez encapuchados salieron a su paso cuando regresaba acompañado de otras tres personas. «Debemos hablar con el padre de asuntos sociopolíticos», dijeron, al mismo tiempo que pidieron a los acompañantes del cura extremeño que regresaran a Las Lajas. Fue lo último que se supo del padre. Ese mismo día lo asesinaron.

«Aunque no fue hasta un mes después cuando un grupo de guerrilleros autónomos, escindido del Ejército de Liberación Nacional de Colombia, comunicó su autoría», explica el profesor Buezas. Quince días después de ese comunicado, hallaron en un barranco el cadáver del padre Javier Ciriaco, «destrozado, apaleado, castrado, asesinado de forma salvaje».

Acabó así la vida de un hombre al servicio de los demás, de un misionero extremeño que predicó la paz, que rechazó cualquier forma de violencia, «la de unos y otros de entonces, porque alumnos suyos había en todos los bandos».

La Archidiócesis de Cartagena de Indias está iniciando la causa para declarar al misionero extremeño mártir de la paz, para que su vida y muerte se guarden en la memoria, para ayudar con su ejemplo a salvar los odios que siguen latentes después de una guerra y contribuir así a la reconciliación que necesita Colombia.

«Merece también la pena que en su tierra se conozca su historia, una vida y una muerte que fueron un compromiso rotundo con la causa de la paz», resume Tomás Calvo, Medalla de Extremadura que con su labor no quiere que caigan en el olvido ni la causa de la paz ni la historia de un misionero extremeño que dio su vida por ella y cuyos restos descansan desde el 24 de julio de 1993 en el cementerio de Jaraíz de la Vera, el pueblo en el que nació este hombre bueno.
                                       Fuente: Diario Hoy





El Papa Francisco presenta la Obras Misionales Pontificias a través de un vídeo mensaje

 “Queridos hermanos y hermanas; con este breve mensaje quiero presentaros una realidad importante para la misión de la Iglesia, pero poco conocida: las Obras Misionales Pontificias.

Desde los primeros tiempos, el sostenimiento mutuo entre las Iglesias locales, comprometidas en anunciar y testimoniar el Evangelio, ha sido un signo de la Iglesia universal. De hecho, la misión, animada por el Espíritu del Señor Resucitado, amplía los espacios de la fe y de la caridad hasta los extremos confines de la tierra.

En el siglo XIX, el anuncio de Cristo recibió un nuevo impulso con la fundación de las Obras Misionales, con el propósito específico de orar y actuar de modo concreto para sostener la evangelización en los nuevos territorios. Estas Obras fueron reconocidas como Pontificias por el Papa Pío XI, quien, de esta forma, quería subrayar cómo la misión de la Iglesia hacia todos los pueblos está muy en el corazón del Sucesor de Pedro. ¡Y así sigue siendo! Las Obras Misionales Pontificias continúan hoy en día este importante servicio que comenzó hace casi 200 años. Están presentes en 120 países con directores nacionales, coordinados por secretarías internacionales de la Santa Sede.

¿Por qué son importantes las Obras Misionales Pontificias? Son importantes, sobre todo, porque debemos orar por los misioneros y las misioneras, por la acción evangelizadora de la Iglesia. La oración es la primera ‘obra misional’ – ¡la primera! – que todo cristiano puede y debe hacer, y es también la más eficaz, aunque esto no se pueda medir. De hecho, el principal agente de la evangelización es el Espíritu Santo, y nosotros estamos llamados a colaborar con Él. Además, estas Obras garantizan, en nombre del Papa, una distribución equitativa de las ayudas, de manera que todas las iglesias del mundo tengan un mínimo de asistencia para la evangelización, para los sacramentos, para los propios sacerdotes, los seminarios, para el trabajo pastoral, para los catequistas. Sostenimiento a los misioneros que evangelizan, y sostenimiento, sobre todo, con la oración, para que el Espíritu Santo esté presente. Es Él quien lleva adelante la evangelización.

Por eso, animo a todos a colaborar en nuestra común tarea de anunciar el Evangelio y sostener a las jóvenes Iglesias gracias a la labor de estas Obras Misionales. Haciendo así, en todos los pueblos, la Iglesia sigue abriéndose a todos y proclamando con alegría la Buena Noticia de Jesucristo, Salvador del mundo.

¡Gracias a todos de corazón!”.


                                                                                 Fuente: OMP

21 de mayo de 2018

MENSAJE DEL PAPA FRANCISCO PARA LA JORNADA MUNDIAL DE LAS MISIONES 2018



"Junto a los jóvenes, llevemos el Evangelio a todos"

Queridos jóvenes, deseo reflexionar con vosotros sobre la misión que Jesús nos ha confiado. Dirigiéndome a vosotros lo hago también a todos los cristianos que viven en la Iglesia la aventura de su existencia como hijos de Dios. Lo que me impulsa a hablar a todos, dialogando con vosotros, es la certeza de que la fe cristiana permanece siempre joven cuando se abre a la misión que Cristo nos confía. «La misión refuerza la fe», escribía san Juan Pablo II (Carta enc. Redemptoris missio, 2), un Papa que tanto amaba a los jóvenes y que se dedicó mucho a ellos.

El Sínodo que celebraremos en Roma el próximo mes de octubre, mes misionero, nos ofrece la oportunidad de comprender mejor, a la luz de la fe, lo que el Señor Jesús os quiere decir a los jóvenes y, a través de vosotros, a las comunidades cristianas.

La vida es una misión

Cada hombre y mujer es una misión, y esta es la razón por la que se encuentra viviendo en la tierra. Ser atraídos y ser enviados son los dos movimientos que nuestro corazón, sobre todo cuando es joven en edad, siente como fuerzas interiores del amor que prometen un futuro e impulsan hacia adelante nuestra existencia. Nadie mejor que los jóvenes percibe cómo la vida sorprende y atrae. Vivir con alegría la propia responsabilidad ante el mundo es un gran desafío. Conozco bien las luces y sombras del ser joven, y, si pienso en mi juventud y en mi familia, recuerdo lo intensa que era la esperanza en un futuro mejor. El hecho de que estemos en este mundo sin una previa decisión nuestra, nos hace intuir que hay una iniciativa que nos precede y nos llama a la existencia. Cada uno de nosotros está llamado a reflexionar sobre esta realidad: «Yo soy una misión en esta tierra, y para eso estoy en este mundo» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 273).

Os anunciamos a Jesucristo

La Iglesia, anunciando lo que ha recibido gratuitamente (cf. Mt 10,8; Hch 3,6), comparte con vosotros, jóvenes, el camino y la verdad que conducen al sentido de la existencia en esta tierra. Jesucristo, muerto y resucitado por nosotros, se ofrece a nuestra libertad y la mueve a buscar, descubrir y anunciar este sentido pleno y verdadero. Queridos jóvenes, no tengáis miedo de Cristo y de su Iglesia. En ellos se encuentra el tesoro que llena de alegría la vida. Os lo digo por experiencia: gracias a la fe he encontrado el fundamento de mis anhelos y la fuerza para realizarlos. He visto mucho sufrimiento, mucha pobreza, desfigurar el rostro de tantos hermanos y hermanas. Sin embargo, para quien está con Jesús, el mal es un estímulo para amar cada vez más. Por amor al Evangelio, muchos hombres y mujeres, y muchos jóvenes, se han entregado generosamente a sí mismos, a veces hasta el martirio, al servicio de los hermanos. De la cruz de Jesús aprendemos la lógica divina del ofrecimiento de nosotros mismos (cf. 1 Co 1,17-25), como anuncio del Evangelio para la vida del mundo (cf. Jn 3,16). Estar inflamados por el amor de Cristo consume a quien arde y hace crecer, ilumina y vivifica a quien se ama (cf. 2 Co 5,14). Siguiendo el ejemplo de los santos, que nos descubren los amplios horizontes de Dios, os invito a preguntaros en todo momento: «¿Qué haría Cristo en mi lugar?».

Transmitir la fe hasta los confines de la tierra

También vosotros, jóvenes, por el Bautismo sois miembros vivos de la Iglesia, y juntos tenemos la misión de llevar a todos el Evangelio. Vosotros estáis abriéndoos a la vida. Crecer en la gracia de la fe, que se nos transmite en los sacramentos de la Iglesia, nos sumerge en una corriente de multitud de generaciones de testigos, donde la sabiduría del que tiene experiencia se convierte en testimonio y aliento para quien se abre al futuro. Y la novedad de los jóvenes se convierte, a su vez, en apoyo y esperanza para quien está cerca de la meta de su camino. En la convivencia entre los hombres de distintas edades, la misión de la Iglesia construye puentes inter-generacionales, en los cuales la fe en Dios y el amor al prójimo constituyen factores de unión profunda.

Esta transmisión de la fe, corazón de la misión de la Iglesia, se realiza por el “contagio” del amor, en el que la alegría y el entusiasmo expresan el descubrimiento del sentido y la plenitud de la vida. La propagación de la fe por atracción exige corazones abiertos, dilatados por el amor. No se puede poner límites al amor: fuerte como la muerte es el amor (cf. Ct 8,6). Y esa expansión crea el encuentro, el testimonio, el anuncio; produce la participación en la caridad con todos los que están alejados de la fe y se muestran ante ella indiferentes, a veces opuestos y contrarios. Ambientes humanos, culturales y religiosos todavía ajenos al Evangelio de Jesús y a la presencia sacramental de la Iglesia representan las extremas periferias, “los confines de la tierra”, hacia donde sus discípulos misioneros son enviados, desde la Pascua de Jesús, con la certeza de tener siempre con ellos a su Señor (cf. Mt 28,20; Hch 1,8). En esto consiste lo que llamamos missio ad gentes. La periferia más desolada de la humanidad necesitada de Cristo es la indiferencia hacia la fe o incluso el odio contra la plenitud divina de la vida. Cualquier pobreza material y espiritual, cualquier discriminación de hermanos y hermanas es siempre consecuencia del rechazo a Dios y a su amor.

Los confines de la tierra, queridos jóvenes, son para vosotros hoy muy relativos y siempre fácilmente “navegables”. El mundo digital, las redes sociales que nos invaden y traspasan, difuminan fronteras, borran límites y distancias, reducen las diferencias. Parece todo al alcance de la mano, todo tan cercano e inmediato. Sin embargo, sin el don comprometido de nuestras vidas, podremos tener miles de contactos pero no estaremos nunca inmersos en una verdadera comunión de vida. La misión hasta los confines de la tierra exige el don de sí en la vocación que nos ha dado quien nos ha puesto en esta tierra (cf. Lc9,23-25). Me atrevería a decir que, para un joven que quiere seguir a Cristo, lo esencial es la búsqueda y la adhesión a la propia vocación.

Testimoniar el amor

Agradezco a todas las realidades eclesiales que os permiten encontrar personalmente a Cristo vivo en su Iglesia: las parroquias, asociaciones, movimientos, las comunidades religiosas, las distintas expresiones de servicio misionero. Muchos jóvenes encuentran en el voluntariado misionero una forma para servir a los “más pequeños” (cf. Mt 25,40), promoviendo la dignidad humana y testimoniando la alegría de amar y de ser cristianos. Estas experiencias eclesiales hacen que la formación de cada uno no sea solo una preparación para el propio éxito profesional, sino el desarrollo y el cuidado de un don del Señor para servir mejor a los demás. Estas formas loables de servicio misionero temporal son un comienzo fecundo y, en el discernimiento vocacional, pueden ayudaros a decidir el don total de vosotros mismos como misioneros.

Las Obras Misionales Pontificias nacieron de corazones jóvenes, con la finalidad de animar el anuncio del Evangelio a todas las gentes, contribuyendo al crecimiento cultural y humano de tanta gente sedienta de Verdad. La oración y la ayuda material, que generosamente son dadas y distribuidas por las OMP, sirven a la Santa Sede para procurar que quienes las reciben para su propia necesidad puedan, a su vez, ser capaces de dar testimonio en su entorno. Nadie es tan pobre que no pueda dar lo que tiene, y antes incluso lo que es. Me gusta repetir la exhortación que dirigí a los jóvenes chilenos: «Nunca pienses que no tienes nada que aportar o que no le haces falta a nadie: Le haces falta a mucha gente y esto piénsalo. Cada uno de vosotros piénselo en su corazón: Yo le hago falta a mucha gente» (Encuentro con los jóvenes, Santuario de Maipú, 17 de enero de 2018).

Queridos jóvenes: el próximo octubre misionero, en el que se desarrollará el Sínodo que está dedicado a vosotros, será una nueva oportunidad para hacernos discípulos misioneros, cada vez más apasionados por Jesús y su misión, hasta los confines de la tierra. A María, Reina de los Apóstoles, a los santos Francisco Javier y Teresa del Niño Jesús, al beato Pablo Manna, les pido que intercedan por todos nosotros y nos acompañen siempre.

Vaticano, 20 de mayo de 2018, Solemnidad de Pentecostés.

15 de mayo de 2018

REVISTA SUPERGESTO Nª 135



Supergesto sigue de cerca los preparativos del Sínodo “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”, que se celebrará el próximo mes de octubre. Informa, así, del diálogo que ha mantenido el papa Francisco con más de 300 jóvenes del todo el mundo, en el pre-sínodo que ha tenido lugar en Roma. Francisco ha pedido a los jóvenes que hablen claro, con coraje... Y ellos lo han hecho. Han expresado sus preocupaciones y deseos, sus expectativas y necesidades, y también sus críticas hacia una Iglesia que les resulta "demasiado severa" y "a menudo asociada con un excesivo moralismo".

La revista ofrece también una entrevista con Fray Bartolemé Buigues Oller, el último misionero español que ha sido nombrado obispo. Y ya son 100 los misioneros españoles consagrados obispos. Mons. Buigues ha sido misionero en Chile, Bolivia, República Dominicana y Costa Rica. Ahora es el nuevo pastor de Alajuela, la segunda diócesis más poblada de Costa Rica, donde confía estimular en los fieles una actitud más misionera en la vida diaria.

En la sección "Escaparate", Supergesto habla con Carmen Balguerias, Victoria Mora y Gabriel Soria, tres jóvenes emprendedores que, tras vivir una experiencia de misión en Etiopía, han puesto en marcha Galatoomaa, un proyecto de venta de camisetas destinado cien por cien a becar a otros voluntarios y colaborar con proyectos en este país. Es su particular forma de dar las gracias por lo vivido. "Queremos invertir en un cambio real, un cambio que varíe la situación de los países en vías de desarrollo".

Finalmente, Supergesto se aproxima a la hermana Clare Crockett, sierva del Hogar de la Madre, fallecida hace dos años en el terremoto que asoló Ecuador, cuyo testimonio de vida ha conmovido a numerosas personas y se ha recogido en la película ¡O todo o nada! Hermana Clare Crockett, que se acaba de estrenar; al #veranomisión de los jóvenes de la Diócesis de Córdoba en Perú e India, y a Cristina Tudela Lerma, joven que cuenta su experiencia de misión en Yurimaguas (Perú).

7 de mayo de 2018

TESTIMONIO DE LOS JÓVENES QUE ASISTIERON AL XV ENCUENTRO DE JÓVENES EN EL ESCORIAL



Compartimos la experiencia misionera que nos han enviado Ana y Antonio, dos de los jóvenes diocesanos que asistieron en el El Escorial al XV Encuentro Nacional de Jóvenes.






Nuestra experiencia del XV Encuentro Misionero en El Escorial a varios niveles:
- Como convivencia y relaciones interpersonales.
Nuestra experiencia y relación con los jóvenes ha sido muy positiva ya que durante todo el encuentro hemos tenido muchos momentos para conocer a otras personas que tienen las mismas inquietudes. Además se han proporcionado muchos momentos para compartir y conocer cómo los demás viven su Fe y si han vivido o quieren vivir una experiencia como misioneros.

- Como aprovechamiento espiritual.
Nos ha servido para fortalecer nuestra Fe ya que hemos podido compartir muchos momentos oración y reflexión. El encuentro ha estado muy bien enfocado puesto que además de las dinámicas y ponencias que se impartieron tuvimos de manera intercalada momentos para rezar y reflexionar tanto personalmente como de manera grupal.

Es muy interesante para nosotros descubrir como otros viven su Fe desde la misión, cómo Dios los ha llevado a otro país para ser testigos de su amor en cualquier contexto dándose a los demás.


- Como información para un futuro voluntariado.

En este aspecto nos hubiera gustado contar con más información. Conocimos a muchas personas que se iban de misión con diferentes organizaciones pero al ser de otras Diócesis resulta complicado. Suelen comenzar su labor en septiembre y tiene una necesaria formación como misioneros durante todo el curso. Debido a esto resulta difícil participar de estas experiencias con ellos y la accesibilidad es más reducida.

Una de las observaciones que hicimos fue la de para posteriores encuentros promover de manera más activa la divulgación de los distintos destinos de misiones. 


Conclusión

Fue un Encuentro en el que escuchamos y nos emocionamos con testimonios de misioneros de otras Diócesis, y que habían tenido la oportunidad de llevar el Evangelio a distintas partes de la geografía nacional y mundial.

Pudimos encontrarnos con una variedad muy nutrida de carismas, así como vocaciones misioneras: sacerdotes, religiosos y religiosas, familias misioneras que asistieron con todos sus miembros…


Personas hechas de distintas historias pero todas con un mismo nexo de unión: las ganas de querer salir al extraradio de esta sociedad en la que por fortuna vivimos, para llevar la fe y la luz donde no la hay.


Evidente fue el fortalecimiento de la fe, así como el estremecimiento con los numerosos testimonios escuchados en lo que era más evidente que Dios estaba presente en todo momento.



Para el amor y para Dios no existen fronteras, y esa debe ser la primera premisa del espíritu misionero. Hay que llevar a Dios a todas las personas porque el cristianismo no es un bien propio, sino para compartir, para anunciar, para llevarlo a cualquier parte del mundo.

Animamos a todas las personas a vivir una experiencia misionera, con la fe cristiana como premisa fundamental, para dar todo lo que uno tiene y para recibir con los brazos abiertos todo lo que los demás te darán.



                                                                                                   Ana Sánchez Vicente

                                                                                                   Antonio Guerrero Rodrígue
z

                                           Colegio Sagrado Corazón de Jesús y Mª Inmaculada, Miajadas (Cáceres)


Ana, Antonio, Bea y Esther



Estimado Ovidio e integrantes de la Delegación de Misiones de Plasencia:

Somos Beatriz y Esther, dos primas segundas que hemos vivido y nos hemos querido desde niñas como primas hermanas. Veinteañeras, universitarias, una casi periodista de Madrid y la otra casi jurista y politóloga de Trujillo, fervientes de ayudar a los demás, nos decidimos lanzar a la aventura, por recomendación de nuestra tía religiosa, a vivir la experiencia del Encuentro Misionero en El Escorial que tuvo lugar hace unas semanas. Como muestra de agradecimiento nos gustaría compartir nuestra experiencia a varios niveles:




- Como convivencia y relaciones interpersonales

Siendo la primera vez que asistíamos a un encuentro de estas características eran muchas las cuestiones que nos surgían; como sería el encuentro, qué personas encontraríamos en él, cómo nos sentiríamos nosotras formando parte de algo así... y nos sorprendimos el último día haciendo repaso de todas ellas y llegando a respuestas tan positivas.

Para nosotras ha sido enriquecedor y gratificante vivir una experiencia como esta. Conocer gente de todos los puntos de España, de todas las edades, tan aparentemente diferentes a nosotras con las que quizás en nuestra vida cotidiana no nos relacionaríamos, y que hemos podido conocer gracias a este encuentro.


A pesar de la diversidad de edades que se podían apreciar, nos sorprendió mucho y para bien, la cantidad de jóvenes que como nosotras tienen tantas ganas de ayudar a los demás. Ser conscientes de que todas las personas que nos reunimos desde todos los puntos de España, muchos vinieron única y exclusivamente para ello, ese fin de semana en Madrid con un mismo objetivo fue sorprendente y emocionante para nosotras.


Es una experiencia que recomendaríamos a cualquier persona.


- Como aprovechamiento espiritual

Puede que la vocación no fuese el principal motivo que nos llevase a este encuentro, como pudimos conocer que les ocurrió a otras personas, pero sí nos llevaron a él las ganas que tenemos de querer ayudar a los demás, y eso en cierto modo, también es vocación.

Gracias al encuentro pudimos reflexionar cómo quizás no lo habíamos hecho antes. Reflexionar sobre lo que nos había llevado hasta allí. Sobre qué podemos mejorar de nuestra vida y de nosotras mismas y en especial, sobre el camino que queremos llevar a partir de ahora. Ese fin de semana nos dió la oportunidad de parar durante un par de días nuestras vidas y dedicárnoslo a nosotras mismas.

Ambas destacamos un momento que nos hizo reflexionar profundamente, que fue de manera conjunta en la capilla, en el que algunos compañeros compartieron sus testimonios sobre cómo habían descubierto personalmente a Dios, durante sus vidas y sus experiencias. En ese momento, nosotras fuimos conscientes de que Dios estaba allí y él quería que estuviésemos escuchando y compartiendo con esas personas ese fin de semana en El Escorial.


- Como información para un futuro voluntariado

Si de algo salimos convencidas ese fin de semana es de que vamos por buen camino. Conocer las experiencias de otros misioneros nos ha sido muy útil para reafirmarnos y estar más convencidas de que queremos ayudar a quienes más lo necesitan.

Esperábamos que fuese algo más práctico o informativo, en cuanto a destinos o pasos que debemos seguir para poder convertirnos en misioneros, pero bien es cierto que los testimonios de los compañeros han aumentado mucho más nuestro interés para movernos e informarnos.

Esperamos que estas palabras reflejen en cierto modo todo lo que ha supuesto y nos ha dado personalmente este encuentro. Agradecerles una vez más la oportunidad de ir con su Diócesis.


Un fuerte abrazo,



                                                                                        Beatriz Pascual y Esther Martín



23 de abril de 2018

NUESTRA DIÓCESIS EN LA 40 EDICIÓN DE LA CANCIÓN MISIONERA







Este fin de semana nuestra Diócesis ha participado en el Festival de la Canción Misionera de Ciudad Rodrigo.

Los colegios Sagrado Corazón de Jesús y María Inmaculada de Miajadas, con 62 participantes y la canción "Hay que atreverse con algo +" y Sagrado Corazón de Jesús de Trujillo, con 32 participantes y la canción "Atrévete"
nos representaron junto a otros 30 grupos en este Encuentro Misionero organizado por Cristianos sin Fronteras y que ya va por su 40 Edición.

Este año se han dado cita 700 participantes que durante los días 21 y 22 de abril y procedentes de varias diócesis españolas, han compartido su interés común por los misioneros. 
El festival ha estado organizado en tres escenarios distintos: la Capilla de Cerralbo, el Teatro Nuevo Fernando Arrabal y la Parroquia de San Pedro y San Isidoro, en ellos, las canciones misioneras de los diversos grupos expresaron en clave misionera el lema “Atrévete con algo +”. Este lema ha estado presente en los últimos meses en la preparación que las diócesis han hecho con la fase diocesana del festival.

Impulsado por Cristianos sin Fronteras y las direcciones diocesanas de misiones respectivas en su fase diocesana. En la fase nacional todos han sido acogidos por la delegación de misiones de Ciudad Rodrigo y su obispo, Mons. Raúl Berzosa. El obispo, en el acto de bienvenida de la mañana del sábado ya les recordó que la canción misionera “Es el arte de atrevernos a ser misioneros en nuestros ambientes”, y les dio las “gracias, de verdad, en nombre de la Iglesia entera y de la que peregrina en Ciudad Rodrigo”, y les recordó las notas del pentagrama misionero:

DO-na sin miedo el don de la voz y del oído musical que Dios te ha dado.

RE-cuerda que lo que haces (cantar) es muy importante para los demás.

MI-ra siempre todo lo que te hace bien y hace bien a los demás.

FA-vorece siempre lo que una al grupo, lo que ayude a la comunión.

SOL-icita la ayuda que necesites para superarte y dar lo mejor de ti mismo.

LA mejor interpretación está siempre por hacerse. No has llegado a la meta.

SI-gue los consejos de quienes verdaderamente te quieren.
Con encuentros de oración, vigilias y sobre todo con mucha alegría volvían a casa agradeciendo la estupenda acogida que han recibido en esta bella ciudad.



                                                                                              Fuente: OMPress