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24 de abril de 2025

P. Tomás Ravaioli, misionero en Papúa Nueva Guinea: “El Papa ha tenido gestos muy grandes con nosotros”

 

Tomas Ravaioli, misionero en Papua Nueva Guinea


Tomás Ravaioli, misionero en Papúa Nueva Guinea, ha sido entrevistado por Trece. Este sacerdote argentino, del Instituto del Verbo Encarnado, vivió en primera persona la visita que hizo el Papa Francisco a este país de Oceanía hace apenas siete meses; sobre todo su llegada a la remota Vánimo, quizá una de las aldeas más remotas del mundo. El misionero ha contestado vía telefónica desde su misión en esta población y en esta joven iglesia para la que la visita del Papa ha marcado un antes y un después.

P: Sabemos que estás en Papúa Nueva Guinea y que tuviste la suerte de estar con el Papa en ese viaje. ¿Cómo fueron esos días? ¿Cómo fue ese momento?

Bueno, en realidad el viaje del Papa se empezó a gestar en el año 2019. Ya en el 2019 había dicho que tenía ganas de venir, pero lamentablemente con el covid no se pudo dar y recién tuvo lugar en el 2024. Así que fueron cinco años de espera y cinco años de mucha ilusión, porque uno no sabe lo que puede pasar al día siguiente y, finalmente, en septiembre el Papa pudo venir a visitarnos.

P: Ha sido uno de los sellos de su pontificado estar en esas zonas que tienen una Iglesia viva, en la que cada vez hay más cristianos y que quizá desde fuera no lo vemos como algo tan cercano, ¿verdad?

Sí. Y de hecho el Papa ha tenido gestos muy grandes con nosotros. Por un lado, por ejemplo, en el año 2016, creó al primer cardenal de Papúa Nueva Guinea, es decir, el primer cardenal de la historia de este país, ya dando una clara señal de su predilección por las periferias y de su predilección también para que la Iglesia fuera verdaderamente católica, es decir, universal. Ha querido que un cardenal fuera hijo de esta tierra. Ese fue un gesto muy grande.

Después, el año pasado estuvo aquí visitándonos y no solo estuvo en la capital, Port Moresby, sino que quiso viajar hasta el lugar realmente más aislado de toda Papúa Nueva Guinea, que es un pueblo, no es ni siquiera una ciudad, que se llama Vánimo, que ahí es donde estamos nosotros trabajando los sacerdotes argentinos. Y para nosotros fue realmente un gesto paternal muy grande, porque el Papa tenía dos horas de ida y dos horas de vuelta en avión, e hizo ese sacrificio enorme para llegar y pasar una tarde entera con nosotros.

Y después el tercer gesto realmente muy grande del Papa Francisco fue hace unos pocos días, el 31 de marzo, hace menos de un mes, donde firmó el decreto para la canonización del que será el primer santo de Papúa Nueva Guinea, el catequista Peter To Rot.

P: Como argentino, ¿cómo se vive la pérdida de un Papa, el primer Papa americano, el primer Papa argentino?

La verdad es que es todo muy raro. Es el primer papa argentino y nosotros lo sentimos muy cercano porque durante todos estos años nos ha escrito. Nos escribía cartas de puño y letra. Es decir, no es que nos enviaba e-mails fríos a través de un secretario, sino que él mismo, al menos una vez por mes, nos escribía cartas, nos preguntaba cómo estaba la misión, qué necesidades teníamos, ya sea necesidades espirituales como materiales. El Papa Francisco nos ha ayudado muchísimo aquí a construir escuelas, a construir centros de salud y ahora estábamos construyendo algunas iglesias con su ayuda, así que de algún modo nos sentimos huérfanos.

P: De ese viaje reciente del Papa Francisco. ¿Qué mensaje destacarías?

Yo creo que el mensaje más importante para la gente de aquí de Papúa fue sentirse amada por el sucesor de Pedro y por el Vicario de Cristo. Para nosotros, estando tan lejos de Europa, estando tan lejos de Roma, el Papa siempre es una figura de algún modo lejana, es decir, alguien de quien solamente conocemos el nombre y poco más. Es el hecho de que el Papa haya querido venir hasta aquí, y haya querido ir hasta el lugar más aislado y más pobre de toda Papúa Nueva Guinea. Creo que sus gestos fueron el mensaje más importante, porque hizo sentir a la gente que realmente el Papa los piensa y el Papa realmente los ama.

Les doy un ejemplo. Cuando el Papa llegó a Vánimo, uno de los gendarmes vaticanos se me acercó y me dijo: a partir de ahora, el Papa quiere que esto sea una visita de un amigo. Es decir, que el Papa mismo pidió que no hubiera todos los protocolos de seguridad que generalmente hay y permitió que toda la gente se acercara. Permitió que toda la gente se acercara, lo tocara, lo besara, lo abrazara. Es decir, fue algo realmente conmovedor ver al Papa en medio de los últimos y dejándose abrazar por todos. Creo que el mensaje más grande que nos ha dejado fue justamente el de sabernos queridos y pensados por el sucesor de Pedro. Es decir, el Papa dejó de ser una figura lejana para convertirse en uno de nosotros.

Fuente: OMP España

13 de enero de 2025

P. Alberto Cisneros: “Vuelvo a la misión abandonado en Dios y buscándole a Él”

Alberto Cisneros es un sacerdote de la diócesis de Osma-Soria que en unos días partirá con destino al Vicariato Apostólico de Esmeraldas en Ecuador. No es la primera experiencia misionera de Alberto y en esta entrevista cuenta qué le ha llevado a, cómo él dice, “levantar la tienda” y ponerse en camino a la misión.



P. ¿Por qué te vas a la misión?

Me voy porque la llamada de Dios está ahí desde lo más profundo de mí, de mi alma, de mi ser sacerdotal y de mi primera vocación. Entonces regreso otra vez a la misión. No, ya estuve anteriormente y después de haber estado seis años, ahora aquí en mi diócesis y apoyando mi diócesis, Dios otra vez vuelve a levantarme, levanta la tienda y vuelvo otra vez a la misión.

P. Ves que está dentro de tu primera vocación. ¿Antes de ser sacerdote, sentiste ya el deseo de la misión? Sí. Esto viene de hace muchos años, muchos. Estudiando aquí en Madrid, en la Politécnica, tuve el contacto con los Misioneros Combonianos. Había un grupo de jóvenes que nos reuníamos con inquietudes misioneras y sociales y, de ahí surgió la idea de poder salir de voluntario a misiones. Fui a Ecuador, fui a Esmeraldas, con los misioneros Combonianos, y estoy hablando de cuando tenía 21 años. Estuve allí seis meses y regresé y la misión me regaló mi vocación misionera y mi vocación sacerdotal.

Entonces, al regreso de la misión entré en el seminario de mi diócesis, siempre con el corazón puesto en la misión y con la idea de prepararme para poder ir a llevar la misericordia de Dios, y poder ser un instrumento de Dios en la misión. Así estuve preparándome durante todos los años de formación en el seminario, solo que no pude regresar a la misión como misionero hasta diez años después de ordenarme. Estuve yendo a hacer experiencias misioneras durante mi época de seminario, fui como seminarista. Luego, cuando fui ordenado, fui delegado de Pastoral Juvenil y estuve yendo todos los años con jóvenes siempre a allá, a Esmeraldas o a Camerún. Pero no fue hasta el 2011 –me ordené en el 2001– que Dios preparó el camino para que yo pudiera regresar a la misión, y esta vez fue a Nicaragua.

He estado siete años en Nicaragua. Estuve hasta que pues hubo que salir a Nicaragua. Desde entonces, desde el 2018 que salí de Nicaragua, he estado en mi diócesis trabajando y entregado aquí en mi diócesis, hasta que la llamada otra vez, que siempre está, pero como que se vuelve a activar muy fuertemente y voy para allá otra vez. Mi obispo, en su generosidad, me ha dado permiso para poder regresar, y regreso a mi primera misión, a Esmeraldas, donde todo comenzó.

Este verano hemos hecho el Camino de Santiago con jóvenes y hemos hecho el camino a Orixe, que es un camino que lleva muy poquito. El camino al origen. Yo me decía voy a volver a hacer mi camino al origen, vuelvo otra vez al origen de todo, de mi vocación, de mi llamada. Estoy profundamente agradecido y contento.

P. Has dicho que has estado en Nicaragua durante varios años de misión. ¿Qué hacías exactamente allí? ¿Cuál era tu misión?

Sí, en Nicaragua estuve trabajando con la Fundación “Nuestros Pequeños Hermanos”, era capellán de la Fundación, una casa hogar que teníamos 300 niños, adolescentes y jóvenes. Desde recién nacidos hasta universitarios y, a la vez, apoyaba en la diócesis donde estaba, en la diócesis de Granada en parroquias, esta era mi labor allá en Nicaragua. Esto es lo que he estado realizando esos siete años que estuve.

Eran niños huérfanos abandonados o en situación de riesgo. Ningún niño entra en una casa hogar por gusto. Detrás había heridas profundas y situaciones complicadas en sus vidas. Para mí supuso el encuentro con la paternidad. La paternidad sacerdotal cuasi natural. A mí me gusta mucho los niños. Es uno de los sacrificios que a mí me costó al ser sacerdote, al principio. La renuncia a la paternidad natural. Pero va pasando el tiempo y Dios te regala una paternidad muchísimo más grande y más hermosa. Ahora tengo muchos hijos, no naturales, pero como si lo fueran. A mí me regaló la misión de Nicaragua la alegría de la paternidad y el poder acompañar en el sufrimiento a la infancia y adolescencia, algo muy específico, un trabajo muy específico con ellos. De hecho pues alguno de esos hijos está aquí en España ahora, se formaron aquí en España. Han tenido que salir de Nicaragua y están aquí trabajando. Van contigo allá donde vas.

P. Vamos a celebrar este día 19 de enero, la Jornada Infancia Misionera. ¿Por qué la Iglesia tiene este especial deseo de servir a los niños?

Bueno, yo creo que la Iglesia tiene especial deseo de servir a todos. Entra dentro del corazón como una madre. Pero al igual que una madre, tiene esa predilección, ese cuidado especial por los más vulnerables. La Iglesia también cuida más de sus pequeños, porque son los más vulnerables, los más manipulables. Sn la esperanza de la humanidad. En ellos estaba potencialmente todo. Tienen todas las semillas sembradas y si se riega bien o si se cuida bien, van a ser hombres y mujeres de bien para esta humanidad. Como son los más vulnerables, también son los que más sufren cuando hay circunstancias dolorosas o circunstancias en las que se concentra en ellos muchas veces el dolor del mundo. Si el mundo sufre, un niño sufre doblemente, por el sufrimiento que tienen y por su fragilidad. Jesús nos dijo lo que hacéis a uno de estos pequeños me lo hacéis a mí. El trabajo con niños es trabajar con Jesús de una manera muy directa, muy cercana. Y si Jesús se identifico de una manera especial con los pequeños, pues nosotros tenemos que identificarnos también con ellos y poner nuestra energía y nuestro servicio en su cuidado. Sea donde sea, los niños tienen que estar en el centro siempre, también de nuestra acción.

P: Y una vez has vuelto a España, cómo has manteniendo ese espíritu de cuidado a los niños.

Aquí mi labor ha sido la de un párroco en la zona nuestra de Soria. Llevaba nueve comunidades, además de la parroquia central, que era Ólvega, y tenía clases también en el Instituto. Ahí uno aprende mucho. Es llevar la misma pastoral. Nuestros niños, nuestros adolescentes de acá, necesitan lo que necesitaban los niños de allí. Hay muy poca diferencia. Yo cuando miro aquí a nuestros chavales digo si es que son igual que los pequeños de Nicaragua, porque al final hay mucho niño que está muy solo, aunque lo tiene todo alrededor. Hay niños que siguen necesitando lo que necesitan todos, que es escucha y amor. Esas dos claves es saber pasar tiempo con ellos y amarlos incondicionalmente, incondicionalmente. Entonces, con esas dos claves yo me he encontrado aquí las realidades que he tenido en la catequesis, en los grupos. Niños que sufren por otras situaciones, también aquí. No hace falta irse lejos para ver el sufrimiento de nuestros niños. Aquí también sufren. El poder acompañarlos, ser el rostro misericordioso de Dios Padre que los ama y que ellos puedan sentir que son amados y queridos incondicionalmente.

Me he llevado unos grandísimos regalos y sorpresas, por ejemplo, en el instituto donde daba clases. Ha sido un regalo. La adolescencia, que nadie los quiere, a mí me provocan ternura. Y es que están deseando ser escuchados. Están deseando ser importantes para alguien, y que les aceptas aunque metan la pata una y otra vez, y les sigues queriendo y que lo sepan. Pues eso llevado a nuestra infancia, a nuestra adolescencia y juventud aquí produce el mismo fruto que en Nicaragua. Entonces se ha ampliado la familia. Entonces mi corazón sigue ampliándose con todas estas personas que Dios ha puesto en este camino, ahora en estos seis años que está en Soria y se ensancha, Él lo hace.

P. Para una persona que tiene esta vocación misionera ad gentes, fuera de España, tan marcada, que te manden seis años a Soria y, además, has sido delegado de Misiones, aparte de párroco, otro montón de cargos que quizá no sean lo más apetecible del mundo, ¿cómo has vivido estos seis años a nivel espiritual para seguir unido a la misión?

Confieso que recién llegado para mí fue obligado. No por mi obispo, que me acogió por circunstancias de allá, por las que entonces tuve que salir. Para mí fue una crisis interna terrible. Medité mucho sobre el pasaje de de Abraham e Isaac. Y entonces cuando Abrahán le pidieron el sacrificio de su hijo Isaac. Yo lo viví así. Me pidieron el sacrificio de mi hijo y para mí fue una prueba de fe terrible. Dónde pones tu corazón. Es una prueba de fe. Y es verdad que al principio no comprendía nada. Lo vivía en oscuridad. Fueron meses de mucha oscuridad. Además me comprometí con mi obispo a quedarme y a servir aquí en mi diócesis, seis años. No fui con ilusión al destino que me habían puesto porque mi corazón estaba en Nicaragua. Pero han sido seis años de gracia. Digo esto porque he podido hacer una lectura al final de todos estos años, como el camino de Emaús. Para mí, pasé por un Jerusalén, en que morían para mí, y me arrancaban y me sacaban de aquello en lo que yo pensé que iba a dar mi vida eternamente. Pensé que moriría en Nicaragua, seguro. Estaba convencido, amaba aquello. Había puesto unas expectativas y unas esperanzas y te matan al Maestro. Y me mataron allí a lo que más amaba. Tuve que salir. Entonces regresé a mi Emaús, que mi Emaús es Soria, donde está mi familia, donde están mis amigos, donde me conocen. Y el camino de vuelta ha sido muy duro, muy duro. Y con el tiempo ves que es verdad que el Señor ha caminado, te iba iluminando, pero el dolor era tan grande que no eras capaz de ver. No veía nada, solo dolor y desesperanza. Pero Dios te tiene el Emaús y el Emaús te va sanando poco a poco, te va recuperando. Con mi familia, las comunidades a las que he sido enviado que han sido para mí aire fresco, una gozada. Ir sanando poco a poco sin darme cuenta que el Señor lo iba haciendo y me iba encontrando con Él otra vez, de otra manera. Han sido años de poder replantear otra vez la misión en mi corazón. Cómo voy a estar en la misión, dónde voy a poner mi corazón en la misión. A veces nos equivocamos, o yo por lo menos, pienso que me equivocaba porque ponía la misión, la hacía, me la apropiaba. Había puesto mi corazón en los hijos de Dios y no en Dios a veces. Todo esto ha sido sanador. Cuando miro para atrás digo benditos seis años que he tenido que venir, porque he podido hacer una lectura creyente y una lectura espiritual de mi vida. He podido ver que a veces nos equivocamos también en la misión sin darnos cuenta. Dios se sirve de renglones torcidos para hacer una lectura bonita y hermosa. En estos seis años emocionalmente ha habido de todo. Empecé muy triste y acabo muy contento. Estoy feliz, feliz donde me ha tocado servir de era feliz. No vuelvo a la misión porque esté a disgusto. Ahora funcionaba todo bien, pero ha servido para poner mi corazón otra vez donde tenía que estar, en lo importante y para poder regresar la misión abandonado en Él y buscándole a Él, nada más. Regreso muy contento. Meteré la pata, pues seguramente. Con intenciones que tengo que seguir purificando. Sí, seguro. Pero para mí estos seis años ha sido Emaús y ahora es como volver otra vez a Jerusalén. Ya me has visto, sabes que estoy contigo, estoy vivo, tienes que seguir anunciándome, vuelve a Jerusalén. Entonces vuelvo otra vez a Jerusalén. No sé. Tengo esa sensación interna de que vuelvo otra vez a la cruz. Pero de otra manera.

P. Has tenido la oportunidad en estos años de acompañar a muchos jóvenes a tener sus primeras experiencias de misión.

Eso es algo que siempre he visto claro, que somos puente para que otros puedan tener esta experiencia. Yo la tuve y creo que es lo mejor que le puede pasar a un joven. Una experiencia misionera. Si Dios le llama a una vocación misionera maravilloso. Si Dios le llama después a una vocación aquí en su tierra, en su diócesis, donde sea, maravilloso. Pero la experiencia misionera es una riqueza que te va a llevar toda tu vida y va a darle un matiz diferente a todo lo que hagas, a todo. Es verdad que estos seis años salimos con jóvenes también a Esmeraldas, Ecuador. Y de verdad que es un regalo para los jóvenes ir a la misión y, también, para diócesis de origen y que nuestras diócesis puedan ser misioneras. Espero que pueda ser puente para que otros jóvenes puedan venir donde yo esté a tener experiencias misioneras. Lo he hecho yendo y viniendo con ellos, acompañando cuando a Nicaragua vinieron algunos a mi hogar. Espero que ahora sea un puente otra vez para que jóvenes de mi diócesis puedan venir a tener esta experiencia. Ya hay jóvenes que me están tocando la puerta. No sé dónde voy a estar, pero estoy convencido de que es una riqueza para la diócesis siempre, aunque cuesta y cuesta sacrificar un sacerdote ahora mismo, tal como está mi diócesis y, en ese sentido, se lo agradezco muchísimo a mi obispo. Su generosidad es inmensa. Y pido a Dios que Dios premie su generosidad, porque mi diócesis no está como para tirar cohetes. Incluso mi presbiterio. Que me conocen desde siempre, desde que entré en el seminario, de donde venía y hacia donde quería ir. En medio del de la pérdida de un sacerdote, la generosidad que todos demuestran. Para mí eso es que es un espaldarazo muy grande. Uno se va contento también de que tu diócesis está aquí, está contigo.

P. Cuéntanos cómo es Esmeraldas.

Esmeraldas es la provincia verde del Ecuador y la provincia afro. Está en la costa del Pacífico. Es una provincia de costa, ríos, selva. La que yo creo que es la provincia más pobre o más deprimida de todo el Ecuador. Es un vicariato apostólico. No somos todavía ni siquiera diócesis, no tiene todavía la fuerza para poder caminar sola. Muy joven, con poco clero y con mucha tradición afro. Se notan las raíces culturales africanas. Ahora ha habido mucha migración interna, hay mucho de fuera, pero es una provincia hermosa, hermosa en sus gentes, con deseo de de vivir, con la alegría en sus venas. Y con una fe muy enraizada y muchas comunidades también muy dispersas. Depende de la zona en la que estés. Están diseminadas por dentro de los ríos, por la selva. Voy a este vicariato a ponerme al servicio del obispo. Allí donde me necesite. Cuando he ido, siempre ha sido a estas zonas rurales internas, dentro de la selva, físicamente duras. Pero esta vez no quiero buscar lo que yo esperaría, sino en qué me necesita Dios allí, para lo que me quiere allí. Si me envía allí es por algo.

Fuente: OMP España

18 de octubre de 2024

RUEDA DE PRENSA DIÓCESIS DE PLASENCIA DOMUND 2024

Sala de Prensa 'Papa Francisco' del Obispado, presentación a los medios de comunicación, de la Campaña del Domund 2024 ‘𝗜𝗱 𝗲 𝗶𝗻𝘃𝗶𝘁𝗮𝗱 𝗮 𝘁𝗼𝗱𝗼𝘀 𝗮𝗹 𝗯𝗮𝗻𝗾𝘂𝗲𝘁𝗲’

La Diócesis cuenta con un total de 37 misioneros, “que están anunciando el Evangelio y ayudando a los más desfavorecidos en 19 países del mundo” explicaba hoy Mayte González, Delegada de Misiones, en una convocatoria de prensa celebrada en el Obispado, con motivo de la 𝐉𝐨𝐫𝐧𝐚𝐝𝐚 𝐌𝐮𝐧𝐝𝐢𝐚𝐥 𝐝𝐞 𝐥𝐚𝐬 𝐌𝐢𝐬𝐢𝐨𝐧𝐞𝐬 𝐝𝐞𝐥 𝐝𝐨𝐦𝐢𝐧𝐠𝐨 𝟐𝟎 𝐝𝐞 𝐨𝐜𝐭𝐮𝐛𝐫𝐞.

Ha contado además con la presencia del obispo de la diócesis, monseñor Ernesto Brotóns Tena y del misionero diocesano Isidro Izquierdo Calle, sacerdote misionero diocesano en Níger desde hace 13 años, «si le quitamos la dimensión misionera a la Iglesia, no sería una Iglesia. La Iglesia es misionera en sí misma. Yo no me entiendo como misionero yo sólo, no valgo para nada yo sólo. Soy misionero en la Iglesia. Como dice el lema de este año ‘Id e invitad a todos al banquete’ es el Señor el que nos envía a invitar al banquete de la Eucaristía, a la comunidad cristiana que es la Iglesia católica».

16 de octubre de 2024

Mons. Aguirre, obispo de Bangassou, en el pregón del Domund: “¿Quién ha dicho que hay escasez de vocaciones en la Iglesia?”

 Queridos amigos y amigas que trabajáis en la Obras Misionales Pontificias, Don José María Calderón y su equipo, nuestro Obispo Don Demetrio Fernández, mi hermano Don Jesús Aguirre, presidente del parlamento andaluz, Alcalde de Córdoba, Don José María Bellido, presidente de la Diputación cordobesa Don Salvador Fuentes y demás autoridades civiles y militares, y a Cisco que me ha presentado esta tarde con tanto afecto y delicadeza.



Es un honor para mí dar el pistoletazo de salida oficial del Domund 2024, sabiendo que aquí, en Córdoba, a través de la delegación de misiones dirigida por don Antonio Evans y colaboradores, el Domund se trabaja todo el año, mes a mes, pueblo a pueblo, parroquia a parroquia. ¡Gracias, Antonio!

El Domund es la fiesta del Señor, que envía a sus misioneros. Ellos viven con su gente, en mil sitios de la tierra, el banquete del Señor, el banquete de la Eucaristía, el del amor, el del perdón o el de la tolerancia a todas las religiones, pues Dios es uno, pero se llega a él por muchos caminos. Sin Él los misioneros no somos nada, no podemos nada, sin su gracia, el mundo de las misiones se vendría abajo. Me formaron los misioneros combonianos, fundados por el gran misionero Daniel Comboni y me enviaron a Centroáfrica hace ahora 44 años.

Llegué con 28 años y me enviaron a Obo, una misión en plena selva a 7 días de coche del primer teléfono, del primer médico. Hoy sigo allí, en la misma diócesis, uno de los 1126 territorios de misión. Soy uno de los 9.932 misioneros españoles esparcidos por el mundo dando nuestras vidas, día a día, gota a gota, en nombre de nuestro Maestro. Son más mujeres que hombres, muchos religiosos de diferentes congregaciones, hermanos misioneros, sacerdotes ‘Fidei Donum’ y laicos o voluntarios misioneros, matrimonios del camino Neocatecumenal. Más de la mitad de estos españoles misionan en América latina (muchos en Perú), muchos son ya mayores o hacen animación misionera aquí, el 11% de ellos trabaja en zonas muy calientes del continente africano y Oriente medio, el 6% están en Asia u Oceanía. De ellos 196 somos de Córdoba. ¡No somos héroes! Sin la gracia de Dios que nos sostiene, nos caeríamos en picado.

Decía el Papa Francisco el pasado 18 de septiembre que, ‘en tierras de misión, se respira un aire de primavera de la Iglesia’. Esto es gracias a los misioneros y misioneras de todo el mundo, que fundaron nuevas iglesias, a las oraciones de tantas contemplativas y a la energía interna de las iglesias evangelizadas. Insisto, no solo occidentales sino de todo el mundo. Las Obras Misionales Pontificias son universales. No caigamos en la tentación del ‘eurocentrismo’. Cuando pensamos en los misioneros del evangelio, creemos en ellos porque se van para toda la vida (‘Ad vitam’), dan fiabilidad con sus proyectos a nivel humanitario, fundan Iglesias centradas en la Eucaristía y la adoración, dan esperanza, dan una imagen de la Iglesia viva y novedosa. Puede haber unos 70.000 misioneros o más, de decenas de nacionalidades que misionan por el mundo. Todos somos Iglesia. Hace unas semanas estábamos comiendo en la casa de los combonianos en Bangui (Centroáfrica), éramos 7 en la mesa y todos éramos de distinta nacionalidad. Un togolés, un ecuatoriano, un brasileño, un congoleño, un italiano, un centroafricano y yo, un español.

De los misioneros españoles, hoy recuerdo a Isabel, por poner algún ejemplo, que trabaja en un hospital en las afueras de Yaoundé, en Camerún, al padre José Alfaro que trabaja en el Himalaya construyendo escuelas desde hace decenas de años, o al Obispo Rafael Cob en su canoa por el Amazonas ecuatoriano, a Pablo y María del camino Neocatecumenal en Tanzania, o la comboniana Lucía en medio de los pigmeos Aka de Centroáfrica o Primi Vera en las calles de Bombay… u otros muchos que están en Papúa, o en Albania, en Kazajistán o en las afueras de Nagasaki, en Beirut, en el altiplano de Bolivia, en una escuela cerca del desierto del Kalahari en Botsuana, en China o en un kínder en Timor oriental.

He dicho que fundaron Iglesias. Algunos somos ya mayores y hemos dado toda la vida para la misión ‘Ad gentes’ acunados por la gracia de Dios que nos ha mantenido en pie. Ahora esas Iglesias han florecido, hay miles de sacerdotes locales en tierras de misión, seminaristas, de religiosos y religiosas, de Obispos y cardenales, que no son europeos y que son mucho más numerosos que los obispos y cardenales occidentales. Unas iglesias vivas, de donde salen muchos misioneros y misioneras que van también ellos “ad gentes” a misionar. Os hablo de al menos 70.000 misioneros africanos, asiáticos y de América Latina, incluso más, nadie los ha contado todavía, que salen de su país a evangelizar en otros, impulsados por la gracia de Dios. Y el número seguirá creciendo, aunque en España siga retrocediendo.

¿Quién ha dicho que hay escasez de vocaciones en la Iglesia? Si somos cortos de vista y vemos “la Iglesia” como la Iglesia católica que está en Europa, hemos errado la mirada, no tenemos en cuenta a la Iglesia universal, llena de aire de primavera, como dice el Papa Francisco después de su viaje por Singapur y Papúa Nueva-Guinea. He nombrado a los españoles, que somos casi 10.000. Os invito a pensar en la Iglesia universal, cuyo eje central hoy ya está saliendo de Europa, y en muchos otros países donde la fe de la Iglesia católica está creciendo de forma imparable.

A veces oigo decir que la Iglesia está viviendo un eclipse de fé, que todos los países de la mitad norte de Europa son ya tierras de misión como si fueran Zambia o Mozambique, que las vocaciones misioneras, religiosas y laicales se diluyen y envejecen… No es mentira, pero tampoco es toda la verdad. Algunos, cuando hablan de “la Iglesia” piensan solamente en la Iglesia europea. Cortos de mira. Porque la Iglesia católica es universal y en el continente africano y otros continentes las iglesias están llenas, si no llegas a la hora de la misa te quedas de pie, los jóvenes organizan toda la liturgia y las parroquias están llenas de grupos parroquiales: Renovación carismática, San José, grupos de oración, legionarias de María, scauts y corales y muchos otros más, que agarran a los jóvenes el día de la confirmación y los llevan a renovar su fe por años y hasta el fin de la vida.

Llegan al continente africano misioneros de Filipinas, monjas de la India, religiosos de Costa de Marfil o de las islas de Cabo verde. Laicos neocatecumenales van a las llanuras de Nínive en Siria, jóvenes cooperantes alemanes o voluntarios portugueses van a Brasil. Misioneras de origen indígena quechua de las montañas del Perú vienen al Congo, obispos de diferentes congregaciones han sido elegidos en Pakistán, en Indonesia, en Australia o en Mongolia. Así es la Iglesia misionera. Universal. Diciendo que Cristo enseña una manera de vivir a quien lo quiera escuchar. Diciendo, como decía el Papa Francisco en Irak, junto a la catedral destruida de Mossul:

“Si Dios es el Dios de la vida, que lo es, a nosotros no nos es lícito matar a los hermanos en Su nombre”.

Otro misionero pregonaba, en el corazón de Jartum, en el horror de la guerra, que: “Si Dios es el Dios de la paz, y lo es, a nosotros no nos es lícito de hacer la guerra en su nombre”.

O aquella misionera de paz en medio de las luchas racistas de Myanmar, gritando como el Papa que: “Si Dios es el Dios del Amor, que lo es, a nosotros no nos es lícito odiar a los hermanos”.

En tantos años de misión, me he cruzado con miles de ellos, los misioneros de la Obras misionales pontificias. Misioneras trabajando en los cafetales del Congo, en las escuelas de la Pampa argentina, misioneros laicos sacando a la luz revistas de animación misioneras, misioneras en colegios, en orfanatos, en hospitales del Sida, o curando la úlcera de Buruli en Benín, misioneros contemplativos en las montañas del Atlas argelino, o trabajando en Korokocho, el suburbio pestilencial de Nairobi, o recogiendo basura con grupos de jóvenes en Antananarivo, Madagascar. Los he visto en medio de la violencia, de ráfagas de metralleta, poniéndose de escudo humano para parar los pies a radicales que mataban a humildes familias musulmanas, dirigiendo escuelas de formación profesional, misioneras sacando a niñas prostitutas de las calles, o vendiendo leche de soja para sacar adelante un asilo de ancianos y ancianas acusados de brujería. Misioneros en hospitales psiquiátricos en Sudáfrica, poniendo pinceladas de ternura en aquel infierno de irrealidad, misioneros negociando la paz a costa de su seguridad, o haciendo de intermediarios entre soldados de la ONU y criminales radicales, misioneras recogiendo en las calles al último eslabón de la cadena de la pobreza humana, con una sonrisa y con la certeza de saber dónde llevarlos para protegerlos y cuidarlos. Y misioneros mártires, que mataron en un control de carretera en la frontera de Burkina Fasso, o en un ataque con bombas de radicales islámicos Utties en su ambulatorio del Yemen, o víctimas de robos con violencia, o con una bala perdida. Misioneras que han montado un dispensario en el centro de Gaza, mártires en medio de las bombas. Mártires catequistas que fueron a misionar y que dieron su sangre por Cristo. Misioneros y misioneras que imitaron a Jesús crucificado, porque estaban allí sabiendo a lo que se exponían o porque Dios lo tenía previsto desde tiempo, pues la sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos.

Para terminar, decir que las OMP recogen donativos en todo el mundo y todo se concentra en Roma o en algunos países occidentales para ser redistribuido en proyectos o ayudas en tierras de misión.  Igual que con las campañas del clero indígena o de la Infancia misionera el día de Epifanía. Hace 26 años que soy obispo y cada año he recibido ayudas para el gasto ordinario de las misiones de la diócesis y extraordinario para proyectos de desarrollo humano y pastoral. Justo este año son las OMP de España que alimentan los proyectos de Centroáfrica. Mil gracias por vuestra generosidad.

¡Mucho ánimo a todos! Sois nuestra retaguardia, nosotros que estamos en la vanguardia de la Iglesia. No podéis caer en el desánimo o en una especie de depresión colectiva cuando pensamos que millones de españoles ya no practican y se acercan a Dios sólo cuando llega la semana santa. O cuando pensamos que, los países nórdicos son tierras de misión a donde están yendo muchos misioneros a evangelizar. Hoy día, misioneros nigerianos espiritanos están yendo a evangelizar en Holanda. Jesús tuvo muchas ocasiones de desanimarse, pero siempre encontró ánimo en su Padre (Abbá) y en la fe de los pequeños y vulnerables. Las obras misionales pontificias son el termómetro de la fe en el mundo. Esta fe está hibernando o menguando en algunas iglesias, pero creciendo en otras, porqué la Iglesia es del Señor y El la hará florecer en donde quiera.

Mil gracias, a todos, feliz fiesta del Domund.

1 de octubre de 2024

JORNADAS INTERDIOCESANAS DE REFLEXIÓN Y ANIMACIÓN MISIONERA. GÉVORA (BADAJOZ).

  Comenzamos hoy el "Octubre Misionero", en la festividad de nuestra patrona #SantaTeresaDeLisieux .


El pasado fin de semana, participamos junto con nuestros compañeros de Coria - Cáceres y Mérida - Badajoz en las Jornadas Interdiocesanas de Reflexión y Animación Misionera, que todos los años organizan las Delegaciones de Misiones de Extremadura, y que tuvieron lugar en la Casa de Espiritualidad de Gévora.
👉
Ya tenemos preparadas todas las actividades que llevaremos a cabo en el mes misionero por excelencia y os iremos informando.
👉
Estamos enviando los materiales del Domund a Colegios y Parroquias.
También los puedes consultar y descargar aquí
▶

30 de septiembre de 2024

Comienza la campaña del Domund 2024

 Arranca la campaña de la Jornada Mundial de las Misiones (Domund) con el testimonio de Juan Ángel Artiles, un misionero claretiano en Timor Oriental que encarna el lema propuesto por el Papa para este año: “Id e invitad a todos al banquete”. Con su testimonio, recogido en el vídeo del Domund, la Iglesia da el pistoletazo de salida a este periodo de sensibilización misionera que implica a todos los católicos del mundo en el sostenimiento de la labor evangelizadora de la Iglesia en los territorios de misión, con la oración y los donativos.

“Que hay que ir atravesando barro, se hace. Que hay que ir andando varias horas para llegar a un sitio, se hace. ¿Para qué? Para demostrarles que esto es tan importante que merece la pena hacer estos sacrificios”, explica el misionero claretiano Juan Ángel Artiles, que ha anunciado el Evangelio en Indonesia y Timor Oriental desde hace 20 años. Él, como tantos otros misioneros, vive en primera persona el lema del Domund de este año. “Cuando te encuentras con personas que no sienten el valor de los sacramentos, la única forma es demostrarles lo importante que es”. Y por eso, todos los esfuerzos son pocos. “Hay que ir a todos, no dependiendo de cuánta gente haya, ni mirando los kilómetros… Vas y les das la oportunidad a la gente de celebrar la Eucaristía”.

Según Artiles, lo que los misioneros llevan es a Jesús. “Es lo fundamental, no puedo llevarte más cosas”, explica. “A lo mejor te puedo ayudar, y por eso montamos proyectos de desarrollo, claro que sí, pero lo fundamental es que llevas tu fe”. Y eso, mueve a actuar también en lo humano. “Los proyectos son las pruebas visibles de que no son solo palabras lo que dices”, afirma. Con todo, Artiles es feliz si la gente entiende que “estás aquí conmigo, estás gastando la única vida que tienes conmigo, porque para ti soy importante”.

Juan Ángel reconoce que, aunque el dinero no es lo más importante, les ayuda a seguir adelante con la misión. “La ayuda del Domund nos permite plantearnos hacer cosas a medio y largo plazo. Los proyectos pueden hacerse cuando sabes que hay financiación detrás. Si no hay nada… Al final estás tú con tus manos y dices: ‘bueno, yo haré lo que pueda, pero va a ser muy poco, claro”.

Comienza el mes misionero

El vídeo del Domund es uno de los materiales que Obras Misionales Pontificias (OMP), organizadora de la Jornada, elabora para esta campaña. Pero hay más: carteles que estarán presentes en todas las parroquias de España, catequesis para niños y jóvenes, recursos de oración… Todo ello para recordar a todos a los cristianos que ellos también están llamados a “invitar a todos al banquete” con su vida y apoyando el trabajo de los misioneros, con la oración y el donativo. Tanto el vídeo como estos materiales y testimonios de misioneros están recogidos en la web https://domund.es/

Fuente: OMP España

20 de mayo de 2024

La agencia de noticias OMPress envía su noticia número 15.000: “No puede haber un día en el que no se hable de las misiones"

 El 10 de febrero de 2006, nació OMPress, una pequeña agencia de noticias en el seno de Obras Misionales Pontificias. Su deseo: mostrar que la misión de la Iglesia está viva, y debe latir como un corazón todos los días. El secretario de la Comisión Episcopal de Medios de entonces, P. José María Gil Tamayo – hoy arzobispo de Granada-, asesoró a esta institución pontificia y le animó a crear esta agencia, para que no hubiera ni un día en el que no se hablara de las misiones.




“Han sido 15.000 formas de dar gracias a Dios”, explica Justo Amado, director de OMPress desde que nació hace 18 años. “Cuántas personas saben escribir muy bien y no tienen la suerte que he tenido yo de estar durante años escribiendo todos los días sobre el tema más importante que tiene la Iglesia, que es la Misión.

Las noticias de esta agencia digital, además de surtir de contenido a la web de las Obras Misionales Pontificias, llega a las redacciones de muchos medios especializados en contenidos religiosos. Entre ellas siempre ha habido testimonios de misioneros, y se ha puesto rostro a los destinatarios de las ayudas de Obras Misionales Pontificias. Pero también se ha dado relevancia a la actividad de animación misionera que se realiza en las diócesis. “Contar la proeza de un misionero es fácil. Lo difícil es contar aquellos pequeños actos misioneros que tienen lugar en España, que a ojos del mundo no tienen mayor importancia, pero que al fin y al cabo, es de donde salen los futuros misioneros”, explica Justo Amado. Tras todos estos años de trabajo, se muestra satisfecho. “Escribir estas 15.000 historias ha sido una gozada”, concluye.

Fuente: OMP España

4 de marzo de 2024

DÍA DEL MISIONERO EXTREMEÑO 2024


 En el día de hoy hemos celebrado en Belvís de Monroy, Cáceres, la Jornada del Misionero Extremeño, organizada por las delegaciones de Misiones de Extremadura, este año le tocaba el turno a Plasencia, en la que han participado alrededor de 200 personas de las tres diócesis y que ha contado con la presencia del obispo de Plasencia, monseñor Brotons, que ha compartido todo el día con los peregrinos.




El horario ha sido el siguiente:

10:00h. Acogida peregrinos. Café de bienvenida.
11:00h. Saludos y oración inicial.
11:00h. Presentación histórico/religiosa.
12:15h. Celebración Vía Crucis.
13:30h. Llegada al Convento. Breve visita.
14:00h. Comida compartida.
16:15h. Eucaristía final.
Despedida.


A pesar del mal tiempo: lluvia, fuerte viento y mucho frío, resultó una Jornada muy enriquecedora, en la que resaltamos el gran testimonio de los doce frailes franciscanos que partieron de Belvís de Monroy hace 500 años para evangelizar a los habitantes del Nuevo Mundo.
Puedes ver el vídeo de la Jornada aquí 👉  Vídeo | Facebook  









3 de octubre de 2023

JORNADAS DE REFLEXIÓN Y ANIMACIÓN MISIONERA. PLASENCIA 2023.

 


Comienzan en Plasencia las Jornadas de Reflexión y Animación Misionera de Extremadura, que cada año organizan las delegaciones de Misiones de Extremadura. Tras la recepción en el Seminario se celebraba un Vía Crucis 'Africano' en la parroquia de San Nicolás, conducido por el Excmo. y Rvdmo. Don Juan José Aguirre, Obispo de Bangassou (República Centroafricana), en el que también estuvo presente don José María Calderón, Director Nacional de las Obras Misionales Pontificias.

https://bit.ly/47shXhd