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22 de abril de 2025

Las 10 mejores frases del Papa Francisco sobre la misión de la Iglesia

 



1. “Toda la Iglesia es misionera”

Evangelii Gaudium, 2013

En su exhortación apostólica, el Papa Francisco subrayaba que la misión no es tarea de unos pocos, sino de toda la Iglesia. Es una responsabilidad compartida por todos los cristianos, sin importar su edad o condición.

2. “La misión es una respuesta de amor al amor de Dios”

Año de la Misericordia, 2015

En diversas ocasiones, Francisco destacó que la misión brota de nuestra respuesta al amor inmenso de Dios. Al experimentar ese amor, no podemos evitar compartirlo con el mundo.

3. “La misión no es obra nuestra, sino de Dios”

Misa de envío misionero, 2016

Recordó a los misioneros que, aunque somos sus instrumentos, la misión es ante todo obra de Dios. No actuamos por nuestra cuenta, sino que somos enviados por Él para transmitir Su amor.

4. “El ardor misionero es una obligación de amor”

Jornada Mundial de las Misiones, 2017

El Papa enfatizó que el ardor misionero no es una opción, sino una obligación que surge del amor a Dios y a los demás. Es un amor que debe impulsarnos a llevar la buena nueva a cada rincón del mundo.

5. “La misión brota de la oración y la escucha de la Palabra de Dios”

100º aniversario de las Obras Misionales Pontificias, 2017

Francisco nos recordaba que la misión tiene sus raíces en la oración y en la escucha activa de la Palabra de Dios. Es a partir de esta relación con Él que nace nuestra pasión por anunciar Su mensaje.

6. “La misión es una invitación a gastarnos con empeño, creatividad y generosidad”

Jornada Mundial de las Misiones, 2018

Para el Papa, la misión implica un compromiso total, donde cada uno de nosotros debe dar lo mejor de sí, con esfuerzo, creatividad y generosidad.

7. “Anunciar el Evangelio es la primera y mayor caridad”

Día Mundial de la Caridad, 2018

El Papa aseguró que la mayor obra de caridad que podemos realizar es evangelizar. Llevar el mensaje de Cristo es un acto de amor hacia los demás, un compromiso que debemos vivir con generosidad.

8. “La misión es el corazón de la fe cristiana”

Jornada Mundial de las Misiones, 2021

En uno de sus mensajes más poderosos, el Papa afirmaba que la misión está en el núcleo mismo de la fe cristiana. Es el corazón que da vida a la Iglesia, y debemos vivirla con valentía y pasión.

9. “La misión es oxígeno para la vida cristiana”

Encuentro de las Obras Misionales Pontificias, 2023

En un emotivo encuentro con misioneros, el Papa declaró que la misión es fundamental para la vida cristiana, un “oxígeno” que nos da vida y sentido.

10. “La misión es un incansable ir hacia toda la humanidad”

Jornada Mundial de las Misiones, 2024

En su mensaje para la Jornada Mundial de las Misiones 2024, Francisco nos invitó a no detenernos nunca. La misión es un camino constante hacia todos, sin importar las dificultades.

21 de abril de 2025

Comunicado de P. José María Calderón, director de OMP España, con motivo del fallecimiento del Papa Francisco

 Desde las Obras Misionales Pontificias no podemos menos que unirnos al dolor y a la oración de todos los cristianos por el Santo Padre Francisco. Confiamos que Dios, nuestro Padre, le haya concedido ya el premio preparado para quienes han sido los buenos pastores de nuestra Iglesia, y pedimos a María que muestre ahora con él, que es madre.



Doy gracias a Dios por la oportunidad que me ha dado de encontrarme con el Santo Padre cada año, incluso alguna vez hasta en dos ocasiones, desde que fui designado director nacional de las Obras Misionales Pontificias, y valoro enormemente la confianza que la Iglesia ha depositado en mí, permitiéndome participar de la misión encomendada al Papa en el cuidado y atención de los territorios de misión.

La misión ha recibido siempre el impulso y el aliento de este Papa que ha querido, él mismo, salir a las periferias y confortar con su presencia y magisterio la labor de los misioneros y de los pastores que están sacando adelante a la Iglesia en los 1.130 territorios dependientes del Dicasterio para la Evangelización. Las OMP de España y de toda la Iglesia nos hemos sentido siempre colaboradores suyos en esta preciosa e importante labor, y confiamos poder seguir siendo una ayuda para la preocupación misionera del pastor que Dios nos quiera poner a partir de ahora.                

Dios es bueno, es grande y no se deja ganar en generosidad… así se comportará con Francisco que nos acaba de abandonar.

Fuente: OMP España

6 de septiembre de 2024

El Papa Francisco llega hoy a Papúa Nueva Guinea

 Todo está preparado para la llegada del Papa a Papúa Nueva Guinea. Es el segundo país 100% territorio de misión que visita, en el que es el viaje más largo de su pontificado. Para recibirle, miles de personas han viajado desde diversas diócesis del país y de Islas Salomón. Se espera que Francisco fortalezca la fe y dé un impulso a la evangelización allí, además de dar visibilidad a desafíos como el cambio climático.

“El número esperado de personas superará las 300.000″, explica monseñor Paul Sundu, obispo de Kundinawa (Papúa Nueva Guinea). “Muchas caminaron dos o tres semanas antes de la visita papal”, desde todas las diócesis de Papúa Nueva Guinea y también de Islas Salomón. “Es un momento para recibir la gracia de Dios y nos trasladamos a la ciudad capital como peregrinos”, afirma este obispo. “Los próximos tres días serán una bendición que no se puede olvidar. La presencia del Papa definitivamente nos dará más alegría y coraje para continuar nuestra misión”.

“Estamos casi en el fin del mundo, somos casi insignificantes”, explica por su parte Víctor Rocha, director de Obras Misionales Pontificias de Papúa Nueva Guinea. “El Papa Francisco está haciendo especial hincapié en aquellos lugares que se encuentran en las periferias, diócesis y países que normalmente no son reconocidos ni recordados por su importancia”.

¿Qué aportará la visita del Papa Francisco al país? “El impacto de esta visita se mostrará especialmente en la fe de la gente”, afirma el padre Rocha. Los que son católicos –solo el 30%-, son muy comprometidos. “Las Iglesias católicas en Papúa Nueva Guinea están llenas todos los domingos, cerca del 70-80% de los bautizados acude a Misa”. Él mismo asiste a 27 comunidades dispersas, lo que sería imposible sin la ayuda de los laicos. Por otro lado, “esta visita no sólo fortalecerá nuestra fe en Cristo sino que también dará visibilidad a algunos de nuestros desafíos terrenales”. Entre ellos destaca el cambio climático, “algo que nos afecta mucho, porque a menos que algo cambie, varias de nuestras islas desaparecerán en los próximos 50 años”.

La semilla de los misioneros crece cada año

“Sin el apoyo de Obras Misionales Pontificias (OMP) a nuestra misión sería imposible, por eso agradezco mucho a los donantes”, explica el obispo de Kundinawa, Paul Sundu. Los primeros misioneros estables llegaron a Papúa Nueva Guinea hace menos de 150 años. Desde que se fundó la diócesis de Port Moresby en 1889 como vicariato apostólico de Nueva Guinea, OMP ha ido acompañando el crecimiento de la evangelización allí. De ella se fueron dividiendo posteriormente las otras 18 diócesis –la última, Kinbe, fue creada en 2003-.

Todas ellas forman parte de los 1.126 territorios de misión que tiene la Iglesia en el mundo, Iglesias jóvenes que no son autosuficientes ni a nivel económico ni a nivel humano. Y por eso el Papa les cuida cada año con especial solicitud a través de OMP, gracias a la generosidad de todos los católicos del mundo en Jornadas tan conocidas como la del Domund.

En los últimos 5 años, Obras Misionales Pontificias ha apoyado a la Iglesia en Papúa Nueva Guinea con más de 7 millones de dólares, la gran mayoría gracias al Domund. Con este dinero se ofrece una ayuda fija a cada una de las diócesis de Papúa Nueva Guinea para los gastos diarios, para que la Iglesia pueda permanecer abierta.

Además, se van poniendo los cimientos de la Iglesia con cosas tan básicas para la tarea de los misioneros como construcción de sus casas, apoyo en los largos viajes, energía y agua potable, creación de nuevas parroquias… Y se han equipado las radios diocesanas para anunciar el Evangelio a una población tan dispersa.

OMP envió también más de 800.000$ para impulsar el trabajo que los misioneros realizan con niños: escuelas, orfanatos, centros de salud… Y apoyó la formación de los futuros sacerdotes diocesanos del país, herederos de los misioneros y líderes de la evangelización allí. En Papúa Nueva Guinea hay 4 seminarios diocesanos mayores, todos ellos sostenidos cada año por la Santa Sede, a través de OMP, con 104 seminaristas.


Fuente: OMP España

27 de mayo de 2024

Encuentro del Papa Francisco con los directores nacionales de las OMP

 El Papa Francisco recibía este sábado a los directores nacionales de las Obras Misionales Pontificias, entre ellos el de España, reunidos en Roma para la Asamblea internacional, que cada año, por estas fechas, determina pastoral y económicamente la marcha de las mismas. Estas son las palabras que les ha dirigido:



“Doy la bienvenida con alegría a todos vosotros, que habéis venido desde más de ciento veinte países de los cinco continentes para la asamblea general anual de las Obras Misionales Pontificias. Saludo al cardenal Tagle, al secretario Mons. Nwachukwu, al secretario adjunto Mons. Nappa, presidente de las OMP, y a los cuatro secretarios generales: el liderazgo es bueno: un filipino, un africano y la salsa para la pasta, ¡un napolitano!

Estamos en vísperas de la Solemnidad de la Santísima Trinidad, que nos hace entrar en la contemplación del misterio de Dios: un misterio de amor que se ofrece, se dona, se consume totalmente por la salvación de la humanidad. Precisamente al contemplar esta obra de salvación, descubrimos tres características fundamentales de la misión divina desde el principio: comunión, creatividad y tenacidad. Reflexionemos sobre estas palabras clave, que son relevantes para la Iglesia en estado permanente de misión y más aún para nuestras Obras Misionales, llamadas ahora a renovarse para un servicio cada vez más incisivo y eficaz.

Primero que nada, la comunión. Cuando contemplamos la Trinidad, vemos que Dios es comunión de personas, es misterio de amor. Y el amor con el que Dios viene a buscarnos y salvarnos, enraizado en su ser Uno y Trino, es también el fundamento de la misionariedad de la Iglesia peregrina en la tierra (cf. Redemptoris missio, 1; Ad gentes, 2). Desde esta perspectiva, estamos llamados a vivir la espiritualidad de la comunión con Dios y con los hermanos. La misión cristiana no es transmitir alguna verdad abstracta o alguna convicción religiosa –y menos hacer proselitismo, menos aún–, sino sobre todo permitir que aquellos con quienes nos encontramos puedan tener la experiencia fundamental del amor de Dios, y podrán encontrarlo en nuestra vida y en la vida de la Iglesia si somos testigos luminosos de ello, reflejando un rayo del misterio trinitario. Sobre el proselitismo me gustaría contar una experiencia personal. Cuando estaba en una de las Jornadas de la Juventud, al salir del teatro donde había tenido lugar el encuentro, se acercó una señora que pertenecía a un grupo católico –ultra, demasiado, derechoso, ‘por el olor’ se veía eso– y la señora estaba con un chico y una chica y me dijo: ‘¡Santidad, quiero decirle que a estos dos los he convertido! ¡Los convertí!’. La miré a los ojos y le dije: ‘¿Y quién te convertirá a ti?’. Esta misión de conversión, hay grupos religiosos que llevan el catálogo de conversiones, eso es muy malo. Es solo una anécdota.

Por tanto, exhorto a todos a progresar en esta espiritualidad de la comunión misionera, que es la base del camino sinodal de la Iglesia de hoy. Lo subrayé en la Constitución Praedicate Evangelium y os lo reitero ahora también a vosotros, especialmente por vuestro proceso de renovación de los Estatutos. Es importante que los estatutos estén actualizados. Es necesario para todos un camino de conversión misionera y, por eso, es importante que haya oportunidades de formación personal y comunitaria para crecer en la dimensión de la espiritualidad misionera ‘comunional’. La misión de la Iglesia, en efecto, tiene como objetivo «dar a conocer a todos y llevarles a vivir la ‘nueva’ comunión que en el Hijo de Dios hecho hombre ha entrado en la historia del mundo» (Constitución Apostólica Praedicate Evangelium, I, 4). Y no olvidemos que la llamada a la comunión implica un estilo sinodal: es decir, caminar juntos, escucharnos, dialogar, discutir juntos, pero siempre en comunidad. Esto ensancha nuestro corazón y genera en nosotros una mirada cada vez más universal, precisamente como se subrayó en el momento de la fundación de la Obra de Propagación de la Fe: «No debemos apoyar tal o cual misión en particular, sino todas las misiones de mundo» (cf. Mons. Cristiani y J. Servel, Marie-Pauline Jaricot, 39).

La segunda palabra clave, la primera era comunión, la segunda palabra clave que les propongo es creatividad. Enraizados en la comunión trinitaria, estamos insertos en la obra creativa de Dios, que hace nuevas todas las cosas (cf. Ap 21, 5). Nosotros también participamos de esta creatividad y me gustaría decir dos cosas al respecto. La primera es que la creatividad está ligada a la libertad que Dios posee y nos da en Cristo y en el Espíritu. De hecho, «donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad» (2 Cor 3, 17). Lo que nos da la libertad es el espíritu. Leamos un poco los primeros capítulos de los Hechos de los Apóstoles, allí hay creatividad, allí está el Espíritu… Y por eso, por favor, ¡no nos dejemos robar nuestra libertad creativa misionera! En segundo lugar, como decía san Maximiliano María Kolbe, misionero franciscano en Japón y mártir de la caridad, ‘solo el amor crea’, solo el amor crea. Por eso, recordemos que la creatividad evangélica nace del amor, del amor divino, y que toda actividad misionera es creativa en la medida en que la caridad de Cristo es su origen, su forma y su fin. Así, con fantasía inagotable, crea modos siempre nuevos de evangelizar y de servir a los hermanos, especialmente a los más pobres. Expresión de esta caridad son también las tradicionales colectas destinadas a los fondos universales de solidaridad para las misiones. Y para ello debemos promoverlas, hacer entender que esta ayuda que yo doy, que cada cristiano da, hace crecer a la Iglesia y salva a la gente, y por tanto ayudar a esa participación no solo de las personas, sino también de los grupos e instituciones que, con espíritu de gratitud por las gracias recibidas del Señor, desean sostener tantas realidades misioneras de la Iglesia.

Y tercero, la tercera y última palabra es tenacidad, es decir, firmeza y perseverancia en los propósitos y en la acción. Podemos contemplar este rasgo también en el Amor de Dios Trinidad que, para realizar el plan de salvación, con fidelidad constante envió a sus servidores a lo largo de la historia y en la plenitud de los tiempos se entregó a sí mismo en Jesús. Así, la misión divina «es un incansable ir hacia toda la humanidad para invitarla al encuentro y a la comunión con Dios. ¡Incansable!» Tenacidad. «Por esto, la Iglesia seguirá yendo más allá de toda frontera, seguirá saliendo una y otra vez sin cansarse o desanimarse ante las dificultades y los obstáculos, para cumplir fielmente la misión recibida del Señor» (Mensaje para la Jornada Mundial de las Misiones 2024). Y esto hasta el martirio. Y sobre esto quisiera detenerme para agradecer a Dios por el testimonio de martirio dado, en estos días, por un grupo de católicos del Congo, de Kivu del Norte. Fueron masacrados simplemente porque eran cristianos y no querían convertirse al islam. Hoy existe esta grandeza de la Iglesia en el martirio. Y retrocedamos un poco, hace cinco años, en la playa de Libia, aquellos coptos degollados y de rodillas decían: ‘Jesús, Jesús, Jesús’. La Iglesia mártir es la Iglesia de la tenacidad del Señor que sigue adelante.

Por tanto, también nosotros estamos llamados a ser perseverantes y tenaces en nuestros propósitos y acciones. Y vivir también esta dimensión martirial con nuestro ejemplo. Vosotros, agentes de las Obras Misionales Pontificias, entráis en contacto con realidades, situaciones y acontecimientos muy diversos que forman parte del gran fluir de la vida de la Iglesia, en todos los continentes. Y entonces podemos encontrarnos con numerosos desafíos, situaciones complejas, pesadeces y cansancios que acompañan la vida eclesial. ¡No os dejéis desanimar! Aquí quisiera hacer un paréntesis para ver las debilidades de muchos de nosotros, hermanos y hermanas, que a veces hemos caído: por favor, seamos pacientes, tomémonoslos de la mano y acompañémoslos. Por favor, no os escandalicéis por estos deslices. ‘Me puede pasar a mí’, todos deben decir ‘me puede pasar a mí’: sed muy caritativos, muy delicados y esperad. Una de las cosas que a mí me toca del corazón del Señor es la paciencia: sabe esperar, sabe esperar. Miremos más los aspectos positivos y, en esta alegría que nace del contemplar la obra de Dios, sabremos afrontar también con paciencia las situaciones problemáticas, para no quedar prisioneros de la inactividad y del espíritu derrotista. ¡Tenaces y perseverantes, avanzad en el Señor! Y con los hermanos y hermanas que tienen deslices y caen, recordad que solo en una ocasión está permitido mirar a una persona desde arriba, una sola: para ayudarla a levantarse. Siempre este gesto con los hermanos y hermanas que han cometido un desliz.

Queridos hermanos y hermanas, os agradezco una vez más a todos vosotros y a vuestros colaboradores vuestra generosidad y dedicación en el promover la responsabilidad misionera de los fieles, especialmente en el cuidado de los niños de la Obra de la Santa Infancia. Que Nuestra Señora interceda por vosotros. Os bendigo desde el fondo de mi corazón. Os agradezco lo que hacéis… Y vosotros, ¡no os olvidéis de rezar por mí, por favor!”.

Fuente: OMP España

2 de febrero de 2024

Mensaje del Papa Francisco para el Domund 2024

 Se acaba de hacer público el Mensaje del Papa Francisco para la Jornada Mundial de las Misiones 2024, el Domund, que tiene como inspiración el pasaje evangélico de San Mateo de “Vayan e inviten a todos al banquete”, una imagen de la misión en la que se refleja el estilo, los destinatarios y el fin último de la misión.



“Para la Jornada Mundial de las Misiones de este año he elegido el tema de la parábola evangélica del banquete nupcial”, dice el Papa en el inicio de su mensaje. Este pasaje en el que el rey, protagonista del relato, envía a sus siervos a los cruces de los caminos para invitar a todos al banquete, da pie a “destacar algunos aspectos importantes de la evangelización”. Con el estilo didáctico y cercano que caracteriza al Papa Francisco, se analiza cada parte del lema propuesto para este Domund, comenzando con el “¡Vayan e inviten!”. Son los “dos verbos que expresan el núcleo de la misión”. Fue lo que el mismo Jesús “dijo a los discípulos, tanto antes como después de su resurrección: ¡Vayan!, involucrándolos en su misma misión”.

E inspirado en este envío, el Papa da las gracias “a los misioneros y misioneras que, respondiendo a la llamada de Cristo, han dejado todo para ir lejos de su patria y llevar la Buena Noticia allí donde la gente todavía no la ha recibido o la ha acogido recientemente. Queridos hermanos, vuestra generosa entrega es la expresión tangible del compromiso de la misión ad gentes que Jesús confió a sus discípulos: «Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos» (Mt 28,19). Por eso continuemos rezando y dando gracias a Dios por nuevas y numerosas vocaciones misioneras dedicadas a la obra de evangelización hasta los confines de la tierra”.

Pero es todo cristiano, no solo los misioneros, el que “está llamado a participar en esta misión universal con su propio testimonio evangélico en todos los ambientes, de modo que toda la Iglesia salga continuamente con su Señor y Maestro a los ‘cruces de los caminos’ del mundo de hoy”.

La segunda parte del lema, “al banquete”, muestra la dicotomía de que “mientras el mundo propone los distintos ‘banquetes’ del consumismo, del bienestar egoísta, de la acumulación, del individualismo; el Evangelio, en cambio, llama a todos al banquete divino donde, en la comunión con Dios y con los demás, reinan el gozo, el compartir, la justicia y la fraternidad”. Una plenitud de vida que, dice el Papa, “anticipa ya desde ahora en el banquete de la Eucaristía que la Iglesia celebra por mandato del Señor y en memoria de Él”. Es por eso que todos estamos llamados a vivir más intensamente cada Eucaristía en todas sus dimensiones: “Con cuánta más fe e impulso del corazón, en cada Misa, deberíamos pronunciar la aclamación: «Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección, ¡Ven, Señor Jesús!»”. En esta perspectiva, en el año dedicado a la oración en preparación al Jubileo de 2025, el Papa desea “invitar a todos a intensificar ante todo la participación en la misa y la oración por la misión evangelizadora de la Iglesia”. La oración diaria y la Eucaristía harán de que todo cristiano sea peregrino-misionero de la esperanza, “en camino hacia la vida sin fin en Dios, hacia el banquete nupcial preparado por Él para todos sus hijos”.

Finalmente está el “Todos”. Como les decía a las Obras Misionales Pontificias en junio pasado: el todos “está en el corazón de la misión, ese “todos”, sin excluir a nadie. Todos. Por tanto, toda nuestra misión brota del Corazón de Cristo, para dejar que Él atraiga a todos hacia sí”. Todo cristiano lleva siempre “en su corazón la preocupación por todas las personas de cualquier condición social o incluso moral”. Y es que “todo hombre y toda mujer es destinatario de la invitación de Dios a participar de su gracia que transforma y salva. Solo hace falta decir ‘sí’ a este don divino y gratuito”.

Recordando el Papa que la sinodalidad es de por sí misionera y, viceversa, insiste en “una estrecha cooperación misionera resulta hoy aún más urgente y necesaria en la Iglesia universal, así como en las Iglesias particulares. Siguiendo la línea del Concilio Vaticano II y de mis predecesores, recomiendo a todas las diócesis del mundo el servicio de las Obras Misionales Pontificias”. Por esta razón, “las colectas de la Jornada Mundial de las Misiones, en todas las Iglesias locales, están enteramente destinadas al Fondo Universal de Solidaridad que la Obra Pontificia de la Propagación de la Fe distribuye después, en nombre del Papa, para las necesidades de todas las misiones de la Iglesia”.

El Papa concluye el mensaje dirigiendo una “mirada a María, que obtuvo de Jesús el primer milagro, precisamente en una fiesta de bodas, en Caná de Galilea” ¡Santa María, Estrella de la evangelización, ruega por nosotros!

Fuente: OMP España

5 de junio de 2023

El sueño del Papa Francisco: la cooperación misionera entre todos los miembros de la Iglesia

El Papa Francisco recibía este sábado en audiencia a los participantes en la Asamblea General anual de las Obras Misionales Pontificias, en la que participan más de 110 directores nacionales de la red de las OMP de todos los continentes, acompañados por el cardenal Luis Antonio Tagle. Junto al cardenal el presidente de las Obras Misionales Pontificias, Mons. Emilio Nappa, y los responsables de las diversas Obras.

El Papa se ha dirigido a todos ellos recordando que la comunidad cristiana es misionera por su propia naturaleza, que lo es desde el momento en que vino el Espíritu Santo “para hacer ese ‘desorden’ tremendo que ocurrió la mañana de Pentecostés”. Dirigía después su mirada al Corazón de Jesús, cuya solemnidad se celebra en este mes de junio, para reflexionar, a la luz de ese Corazón, “sobre el carisma y la misión de las Obras Misionales Pontificias”. Es en “el Corazón traspasado del Crucificado podemos descubrir la medida infinita del amor del Padre”. La misión a la que hemos sido enviados no es otra, señalaba el Papa Francisco, que “ser signo del Corazón de Cristo y del amor del Padre, abrazando al mundo entero. En esto encontramos el ‘corazón’ de la misión evangelizadora de la Iglesia: llegar a todos con el don del amor infinito de Dios, buscar a todos, acoger a todos, ofrecer nuestra vida por todos sin excluir a nadie”. Por tanto, “toda nuestra misión brota del Corazón de Cristo, para dejar que Él atraiga a todos hacia sí. Y este es el espíritu místico y misionero de la beata Paulina María Jaricot, fundadora de la Obra de la Propagación de la Fe, que fue tan devota del Sagrado Corazón de Jesús”.

P. José María Calderón, director nacional de OMP España, con el Papa Francisco

Recordó que, en la Constitución Praedicate Evangelium, con la que él mismo ha refrendado la misión y estructura de la Curia Romana las OMP son “instrumentos de promoción y de responsabilidad misionera de cada bautizado y para apoyar a las nuevas Iglesias particulares”. Es decir, “no son una mera agencia de distribución de fondos para los necesitados de ayuda, sino una realidad llamada a sostener la misión evangelizadora de la Iglesia universal y de las Iglesias locales y a alimentar el espíritu misionero en el Pueblo de Dios”. Animaba por ellos a los directores nacionales llegados de todo el mundo a “intensificar aún más, con la audacia y la fantasía del Espíritu Santo, las diversas actividades de animación, información y formación del espíritu misionero”. También les invitaba “a promover la responsabilidad misionera de los bautizados, potenciando la red capilar de las direcciones nacionales, tanto en los países de primera evangelización como en los de antigua tradición cristiana, que quizás necesitan una nueva primera evangelización”. Les pedía: “Por favor, no reduzcan las OMP al dinero. Este es un medio. Se necesita dinero, sí, pero no las reduzcan a eso. Son algo más grande que el dinero. Necesitamos el dinero para salir adelante. Pero si falta la espiritualidad y se trata solo de una empresa que produce dinero, llega inmediatamente la corrupción”.

A la luz de todo esto, “permítanme soñar junto a ustedes ‘con los ojos abiertos’, es decir, mirando lejos juntos”. Y el sueño más grande, decía el Papa, “es el de una cooperación misionera cada vez más estrecha y coordinada entre todos los miembros de la Iglesia. En este proceso ustedes tienen un papel importante, que se lo recuerda también el lema del padre Manna para la Pontificia Unión Misional: Toda la Iglesia para todo el mundo”. Este sueño exige cultivar la comunión y la fraternidad. Por eso, resulta “significativo que los fundadores de las Obras hayan sido un obispo, un sacerdote y dos laicas, es decir, representantes de diferentes categorías de bautizados; este es un signo que nos compromete a involucrar a todos los miembros del Pueblo de Dios en la animación misionera”.

Concluía el Papa Francisco dando las gracias a los “aquí presentes y a todos los colaboradores y colaboradoras su servicio, realizado a menudo ‘lejos de los reflectores’ y en medio de muchas dificultades. Les deseo que abunden siempre de celo apostólico y que estén apasionados por la evangelización. Lleven el Evangelio con alegría, para que se difunda por todo el mundo, y que la Virgen los acompañe como Madre. Los bendigo de corazón. Y, por favor, recen por mí. Gracias”.

Fuente: OMP España

26 de enero de 2023

Mensaje del Papa Francisco para la Jornada Mundial de las Misiones 2023


 Queridos hermanos y hermanas:

Para la Jornada Mundial de las Misiones de este año he elegido un tema que se inspira en el relato de los discípulos de Emaús, en el Evangelio de Lucas (cf. 24,13-35): «Corazones ardientes, pies en camino». Aquellos dos discípulos estaban confundidos y desilusionados, pero el encuentro con Cristo en la Palabra y en el Pan partido encendió su entusiasmo para volver a ponerse en camino hacia Jerusalén y anunciar que el Señor había resucitado verdaderamente. En el relato evangélico, percibimos la trasformación de los discípulos a partir de algunas imágenes sugestivas: los corazones que arden cuando Jesús explica las Escrituras, los ojos abiertos al reconocerlo y, como culminación, los pies que se ponen en camino. Meditando sobre estos tres aspectos, que trazan el itinerario de los discípulos misioneros, podemos renovar nuestro celo por la evangelización en el mundo actual.

1. Corazones que ardían «mientras […] nos explicaba las Escrituras». En la misión, la Palabra de Dios ilumina y trasforma el corazón.

A lo largo del camino que va de Jerusalén a Emaús, los corazones de los dos discípulos estaban tristes —como se reflejaba en sus rostros— a causa de la muerte de Jesús, en quien habían creído (cf. v. 17). Ante el fracaso del Maestro crucificado, su esperanza de que Él fuese el Mesías se había derrumbado (cf. v. 21).

Entonces, «mientras conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió caminando con ellos» (v. 15). Como al inicio de la vocación de los discípulos, también ahora, en el momento de su desconcierto, el Señor toma la iniciativa de acercarse a los suyos y de caminar a su lado. En su gran misericordia, Él nunca se cansa de estar con nosotros; incluso a pesar de nuestros defectos, dudas, debilidades, cuando la tristeza y el pesimismo nos induzcan a ser «duros de entendimiento» (v. 25), gente de poca fe.

Hoy como entonces, el Señor resucitado es cercano a sus discípulos misioneros y camina con ellos, especialmente cuando se sienten perdidos, desanimados, amedrentados ante el misterio de la iniquidad que los rodea y los quiere sofocar. Por ello, «¡no nos dejemos robar la esperanza!» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 86). El Señor es más grande que nuestros problemas, sobre todo cuando los encontramos al anunciar el Evangelio al mundo, porque esta misión, después de todo, es suya y nosotros somos simplemente sus humildes colaboradores, “siervos inútiles” (cf. Lc 17,10).

Quiero expresar mi cercanía en Cristo a todos los misioneros y las misioneras del mundo, en particular a aquellos que atraviesan un momento difícil. El Señor resucitado, queridos hermanos y hermanas, está siempre con ustedes y ve su generosidad y sus sacrificios por la misión de evangelización en lugares lejanos. No todos los días de la vida resplandece el sol, pero acordémonos siempre de las palabras del Señor Jesús a sus amigos antes de la pasión: «En el mundo tendrán que sufrir; pero tengan valor: yo he vencido al mundo» (Jn 16,33).

Después de haber escuchado a los dos discípulos en el camino de Emaús, Jesús resucitado «comenzando por Moisés y continuando con todos los profetas, les interpretó en todas las Escrituras lo que se refería a él» (Lc 24,27). Y los corazones de los discípulos se encendieron, tal como después se confiarían el uno al otro: «¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?» (v. 32). Jesús, efectivamente, es la Palabra viviente, la única que puede abrasar, iluminar y trasformar el corazón.

De ese modo comprendemos mejor la afirmación de san Jerónimo: «Ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo» (Comentario al profeta Isaías, Prólogo). «Si el Señor no nos introduce es imposible comprender en profundidad la Sagrada Escritura, pero lo contrario también es cierto: sin la Sagrada Escritura, los acontecimientos de la misión de Jesús y de su Iglesia en el mundo permanecen indescifrables» (Carta ap. M.P. Aperuit illis, 1). Por ello, el conocimiento de la Escritura es importante para la vida del cristiano, y todavía más para el anuncio de Cristo y de su Evangelio. De lo contrario, ¿qué trasmitiríamos a los demás sino nuestras propias ideas y proyectos? Y un corazón frío, ¿sería capaz de encender el corazón de los demás?

Dejémonos entonces acompañar siempre por el Señor resucitado que nos explica el sentido de las Escrituras. Dejemos que Él encienda nuestro corazón, nos ilumine y nos trasforme, de modo que podamos anunciar al mundo su misterio de salvación con la fuerza y la sabiduría que vienen de su Espíritu.

2. Ojos que «se abrieron y lo reconocieron» al partir el pan. Jesús en la Eucaristía es el culmen y la fuente de la misión.

Los corazones fervientes por la Palabra de Dios empujaron a los discípulos de Emaús a pedir al misterioso viajero que permaneciese con ellos al caer la tarde. Y, alrededor de la mesa, sus ojos se abrieron y lo reconocieron cuando Él partió el pan. El elemento decisivo que abre los ojos de los discípulos es la secuencia de las acciones realizadas por Jesús: tomar el pan, bendecirlo, partirlo y dárselo a ellos. Son gestos ordinarios de un padre de familia judío, pero que, realizados por Jesucristo con la gracia del Espíritu Santo, renuevan ante los dos comensales el signo de la multiplicación de los panes y sobre todo el de la Eucaristía, sacramento del Sacrificio de la cruz. Pero precisamente en el momento en el que reconocen a Jesús como Aquel que parte el pan, «Él había desaparecido de su vista» (Lc 24,31). Este hecho da a entender una realidad esencial de nuestra fe: Cristo que parte el pan se convierte ahora en el Pan partido, compartido con los discípulos y por tanto consumido por ellos. Se hizo invisible, porque ahora ha entrado dentro de los corazones de los discípulos para encenderlos todavía más, impulsándolos a retomar el camino sin demora, para comunicar a todos la experiencia única del encuentro con el Resucitado. Así, Cristo resucitado es Aquel que parte el pan y al mismo tiempo es el Pan partido para nosotros. Y, por eso, cada discípulo misionero está llamado a ser, como Jesús y en Él, gracias a la acción del Espíritu Santo, aquel que parte el pan y aquel que es pan partido para el mundo.

A este respecto, es necesario recordar que un simple partir el pan material con los hambrientos en el nombre de Cristo es ya un acto cristiano misionero. Con mayor razón, partir el Pan eucarístico, que es Cristo mismo, es la acción misionera por excelencia, porque la Eucaristía es fuente y cumbre de la vida y de la misión de la Iglesia.

Lo recordó el Papa Benedicto XVI: «No podemos guardar para nosotros el amor que celebramos en el Sacramento [de la Eucaristía]. Éste exige por su naturaleza que sea comunicado a todos. Lo que el mundo necesita es el amor de Dios, encontrar a Cristo y creer en Él. Por eso la Eucaristía no es sólo fuente y culmen de la vida de la Iglesia; lo es también de su misión: “Una Iglesia auténticamente eucarística es una Iglesia misionera”» (Exhort. ap. Sacramentum caritatis, 84).

Para dar fruto debemos permanecer unidos a Él (cf. Jn 15,4-9). Y esta unión se realiza a través de la oración diaria, en particular en la adoración, estando en silencio ante la presencia del Señor, que se queda con nosotros en la Eucaristía. El discípulo misionero, cultivando con amor esta comunión con Cristo, puede convertirse en un místico en acción. Que nuestro corazón anhele siempre la compañía de Jesús, suspirando la vehemente petición de los dos de Emaús, sobre todo cuando cae la noche: “¡Quédate con nosotros, Señor!” (cf. Lc 24,29).

3. Pies que se ponen en camino, con la alegría de anunciar a Cristo Resucitado. La eterna juventud de una Iglesia siempre en salida.

Después de que se les abrieron los ojos, reconociendo a Jesús «al partir el pan», los discípulos, sin demora, «se pusieron en camino y regresaron a Jerusalén» (Lc 24,33). Este ir de prisa, para compartir con los demás la alegría del encuentro con el Señor, manifiesta que «la alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 1). No es posible encontrar verdaderamente a Jesús resucitado sin sentirse impulsados por el deseo de comunicarlo a todos. Por lo tanto, el primer y principal recurso de la misión lo constituyen aquellos que han reconocido a Cristo resucitado, en las Escrituras y en la Eucaristía, que llevan su fuego en el corazón y su luz en la mirada. Ellos pueden testimoniar la vida que no muere más, incluso en las situaciones más difíciles y en los momentos más oscuros.

La imagen de los “pies que se ponen en camino” nos recuerda una vez más la validez perenne de la misión ad gentes, la misión que el Señor resucitado dio a la Iglesia de evangelizar a cada persona y a cada pueblo hasta los confines de la tierra. Hoy más que nunca la humanidad, herida por tantas injusticias, divisiones y guerras, necesita la Buena Noticia de la paz y de la salvación en Cristo. Por tanto, aprovecho esta ocasión para reiterar que «todos tienen el derecho de recibir el Evangelio. Los cristianos tienen el deber de anunciarlo sin excluir a nadie, no como quien impone una nueva obligación, sino como quien comparte una alegría, señala un horizonte bello, ofrece un banquete deseable» (ibíd.,14). La conversión misionera sigue siendo el objetivo principal que debemos proponernos como individuos y como comunidades, porque «la salida misionera es el paradigma de toda obra de la Iglesia» (ibíd., 15).

Como afirma el apóstol Pablo, «el amor de Cristo nos apremia» (2 Co 5,14). Se trata aquí de un doble amor, el que Cristo tiene por nosotros, que atrae, inspira y suscita nuestro amor por Él. Y este amor es el que hace que la Iglesia en salida sea siempre joven, con todos sus miembros en misión para anunciar el Evangelio de Cristo, convencidos de que «Él murió por todos, a fin de que los que viven no vivan más para sí mismos, sino para aquel que murió y resucitó por ellos» (v. 15). Todos pueden contribuir a este movimiento misionero con la oración y la acción, con la ofrenda de dinero y de sacrificios, y con el propio testimonio. Las Obras Misionales Pontificias son el instrumento privilegiado para favorecer esta cooperación misionera en el ámbito espiritual y material. Por esto la colecta de donaciones de la Jornada Mundial de las Misiones está dedicada a la Obra Pontificia de la Propagación de la Fe.

La urgencia de la acción misionera de la Iglesia supone naturalmente una cooperación misionera cada vez más estrecha de todos sus miembros a todos los niveles. Este es un objetivo esencial en el itinerario sinodal que la Iglesia está recorriendo con las palabras clave comunión, participación y misión. Tal itinerario no es de ningún modo un replegarse de la Iglesia sobre sí misma, ni un proceso de sondeo popular para decidir, como se haría en un parlamento, qué es lo que hay que creer y practicar y qué no, según las preferencias humanas. Es más bien un ponerse en camino, como los discípulos de Emaús, escuchando al Señor resucitado que siempre sale a nuestro encuentro para explicarnos el sentido de la Escrituras y partir para nosotros el Pan, y así poder llevar adelante, con la fuerza del Espíritu Santo, su misión en el mundo.

Como aquellos dos discípulos «contaron a los otros lo que les había pasado por el camino» (Lc 24,35), también nuestro anuncio será una narración alegre de Cristo el Señor, de su vida, de su pasión, muerte y resurrección, de las maravillas que su amor ha realizado en nuestras vidas.

Pongámonos de nuevo en camino también nosotros, iluminados por el encuentro con el Resucitado y animados por su Espíritu. Salgamos con los corazones fervientes, los ojos abiertos, los pies en camino, para encender otros corazones con la Palabra de Dios, abrir los ojos de otros a Jesús Eucaristía, e invitar a todos a caminar juntos por el camino de la paz y de la salvación que Dios, en Cristo, ha dado a la humanidad.

Santa María del camino, Madre de los discípulos misioneros de Cristo y Reina de las misiones, ruega por nosotros.

Roma, San Juan de Letrán, 6 de enero de 2023, Solemnidad de la Epifanía del Señor.

FRANCISCO

6 de diciembre de 2022

El sacerdote italiano Emilio Nappa, nuevo presidente de las Obras Misionales Pontificias

 El Papa Francisco ha nombrado secretario adjunto del Dicasterio para la Evangelización con el cargo de presidente de las Obras Misionales Pontificias al sacerdote napolitano Emilio Nappa, de 50 años, otorgándole el título de arzobispo. El nuevo presidente sustituye a Mons. Giovanni Pietro Dal Toso que ha cumplido un quinquenio guiando a nivel internacional las Obras Misionales Pontificias.




El padre Emilio Nappa nació el 9 de agosto de 1972 en Nápoles. Ordenado sacerdote en la diócesis de Aversa el 28 de junio de 1997, obtuvo el doctorado en Teología en la Pontificia Universidad Gregoriana en 2004. Ha ocupado varios cargos en la diócesis, incluidos los de rector de la Iglesia de San Rocco, director y profesor de Teología Fundamental en el Instituto Superior Interdiocesano de Ciencias Religiosas del Área Santos Apóstoles Pedro y Pablo Casertana, en Capua, y canónigo de la catedral. Además, fue colaborador local de la Nunciatura Apostólica en Italia y funcionario de la Sección de Asuntos Generales de la Secretaría de Estado. Desde septiembre de 2022 trabajaba en la Secretaría de Economía.

Desde la entrada en vigor de la constitución apostólica Praedicate Evangelium, el pasado Pentecostés, la Congregación para la Evangelización de los Pueblos pasó a llamarse Dicasterio para la Evangelización. El Papa Francisco se reservó la presidencia – como prefecto – de este dicasterio que abarca dos secciones.

Sección para las cuestiones fundamentales de la evangelización en el mundo y sección para la primera evangelización y las nuevas Iglesias particulares. A esta última, dice la nueva constitución que rige la Curia Romana, “están encomendadas las Obras Misionales Pontificias: la Obra Pontificia de la Propagación de la Fe, la Obra Pontificia de San Pedro Apóstol, la Obra Pontificia de la Infancia Misionera y la Pontificia Unión Misional, como instrumentos para promover la responsabilidad misionera de cada bautizado y para apoyar a las nuevas Iglesias particulares”.

También aclara la constitución que “la gestión de las subvenciones económicas destinadas a la cooperación misionera y su distribución equitativa se encomiendan al secretario adjunto de la sección con el cargo de presidente de las Obras Misionales Pontificias”. Así, “el patrimonio destinado a las misiones se administra a través de una oficina especial propia, dirigida por el secretario adjunto de sección, sin perjuicio de la obligación de rendir cuentas a la Secretaría de Asuntos económicos”.

Fuente: OMP España

22 de junio de 2022

400 años de Propaganda Fide al frente de la misión en los confines de la tierra

 El 22 de junio de 1622 el Papa Gregorio XV constituía un dicasterio vaticano para dirigir y coordinar las actividades misioneras en todo el mundo. Esta toma de conciencia de la prioridad de la evangelización, la potenció en todo el mundo evitando la injerencia del poder político. Bajo su jurisdicción hay en la actualidad 1.117 diócesis –una de cada tres del mundo-, conocidas como “territorios de misión”, donde vive cerca de la mitad de la población mundial. Con la reestructuración de la curia, ha pasado a formar parte del Dicasterio para la Evangelización, y el Papa le ha dado prioridad absoluta al asumir personalmente su dirección como prefecto, y ponerla en primer lugar en el organigrama de la curia.




Hoy se cumplen 400 años del nacimiento de la Congregación Propaganda Fide. El 22 de junio de 1622, el Papa Gregorio XV publicó la bula Inscrutabili divinae, con la que instituía un dicasterio vaticano desde el que coordinar la misión sin tener que depender de las coronas europeas. Fue un momento muy importante en la historia de la Iglesia, ya que representó una toma de conciencia sobre la llamada indelegable de anunciar a Cristo. Los territorios que se le confiaron eran enormes: prácticamente todo Asia, Oceanía, África, norte de Europa y partes de América.

“La Congregación se reveló crucial para hacer que la misión evangelizadora de la Iglesia sea realmente tal, independiente de las injerencias de los poderes mundanos, con el fin de constituir las Iglesias locales que hoy muestran tanto vigor”, explica el Papa Francisco, en el mensaje del Domund de este año. “Deseamos que la Congregación, como en los cuatro siglos pasados, con la luz y la fuerza del Espíritu, continúe e intensifique su trabajo de coordinar, organizar y animar la actividad misionera de la Iglesia”.

Desde el primer momento la Congregación impulsó el respeto a las culturas autóctonas y la conservación de las lenguas y de aquellas estructuras sociales que respetaban la dignidad de todas las personas. Las Instrucciones Romanas (1659) a los misioneros lo atestiguan. El anuncio del Evangelio hasta los confines de la tierra debía inculturarse sin perder su esencia. Asimismo, desde el inicio se invitó a formar vocaciones locales en las misiones.

El archivo de Propaganda Fide, uno de los más antiguos del mundo

Desde muy pronto se tuvo conciencia de la necesidad de guardar todas las cartas y documentos que enviaban los misioneros desde diversas partes del mundo. Así nació el archivo de Propaganda Fide, una de las fuentes más importantes para conocer la historia de la Congregación y de las misiones de la Iglesia. Y no solo eso, contiene también la historia de las culturas y los pueblos donde iban los misioneros. Cuenta con cerca de 12 millones de documentos, que ocupan 3 kilómetros y medio de estanterías.

Se puede encontrar, por ejemplo, el primer mapa de Australia, hecho por un misionero dominico 100 años de su descubrimiento oficial por Cook. O las primeras gramáticas de muchas lenguas, diccionarios –incluido el que escribió San Charles de Foucauld tuareg-francés-, estudios de botánica, fauna… O las primeras fotografías – unos 15.000 negativos en cristal- que se tomaron en las misiones.

Competencias de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos en la actualidad

Pablo VI, con la Constitución “Universae Regimini Ecclesiae” (15 de agosto de 1967), cambió su nombre y pasó a llamarse “Congregación para la Evangelización de los Pueblos”. Con la nueva reforma de la curia, que entró en vigor el pasado 5 de junio, cambia de nuevo de nombre, y pasa a ser la Segunda Sección del Dicasterio para la Evangelización, que ocupa el primer lugar en el organigrama de la curia, y cuyo prefecto es el mismo Francisco.

Actualmente se encarga de coordinar y dirigir la misión universal de la Iglesia en la primera evangelización, con poderes ejecutivos y administrativos: creación y división de diócesis, nombramiento de obispos… Bajo su jurisdicción están 1.117 territorios de misión, un tercio de las diócesis del mundo, donde vive cerca de la mitad de la población mundial, y donde se celebran uno de cada tres bautismos en el mundo.

De ella forman parte las Obras Misionales Pontificias: implican a todos los cristianos en la labor misionera a través de la oración y el donativo, y con lo recaudado sostienen el funcionamiento ordinario de los territorios de misión.

La reforma de Francisco

La reestructuración de la curia tras la constitución apostólica Praedicate Evangelium, refleja el deseo del Papa de que la Misión sea el paradigma de toda la pastoral de la Iglesia. El cardenal Luis Alfonso Tagle, ahora co-prefecto del Dicasterio, explicaba en declaraciones recientes a OMP que aún no hay detalles, pero que en general, la Segunda Sección del Dicasterio va a seguir haciendo lo mismo que hacía hasta ahora la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, pero ahora en comunión y comunicación con la Primera Sección, dedicada a la reflexión sobre la evangelización. “Creo que va a ser una oportunidad maravillosa de tener una Primera Sección que estudie las cuestiones de la evangelización, y la Segunda Sección llevará a la primera experiencias de África, de Asia, de Oceanía. Y también de Europa y Latinoamérica”, explicaba.

En cuanto al hecho de que el Papa se haya puesto al frente, el cardenal Tagle ve una declaración de intenciones. “Cuando el Papa ve una prioridad, él puede decir: yo voy a ser el prefecto. Creo que está mostrando su visión acerca de su papel como Papa: el Papa no es solo un administrador, es el primer evangelizador”, explicaba Tagle.

2022, un año “A hombros de gigantes”

El 400 aniversario del nacimiento de Propaganda Fide se enmarca en un año en el que la Iglesia universal celebra una serie de centenarios muy importantes para la misión: 400 años de la canonización de San Francisco de Javier, y 200 años desde que se fundó la Obra de la Propagación de la Fe (germen del Domund); 100 años desde que el Papa convirtió las Obras Misionales en “Pontificias” asumiendo varias iniciativas particulares que ya existían… Y como broche de oro, la beatificación el pasado 22 de mayo de Pauline Jaricot, la mujer que abrió el camino al Domund. Puedes ver más información sobre los centenarios aquí.


Fuente: OMP España

11 de enero de 2022

El mensaje del Domund 2022 del Papa recuerda a los fundadores de las OMP

 El Espíritu, dice el Papa Francisco en el mensaje para el Domund 2022, inspira a “hombres y mujeres sencillos para misiones extraordinarias”. Es lo que hizo con los fundadores de las Obras Misionales Pontificas, a los que este año se recuerda de una manera especial por la coincidencia de diversos centenarios. Mujeres y hombres que fueron testigos, y ese ha querido el Papa, inspirado en las palabras de Jesús resucitado a sus apóstoles, que sea el lema del Domund de este año: “Para que sean mis testigos” (Hch 1, 8).




Hecho público con 10 meses de antelación, este mensaje del Domund es en sí mismo un homenaje a estos testigos que pusieron en marcha cada una de las cuatro Obras Misionales Pontificias y a todos los que viven que “la Iglesia es misionera por naturaleza”. Un año verdaderamente jubilar, 2022, dice el mensaje, que “nos ofrece la ocasión de conmemorar algunas fechas relevantes para la vida y la misión de la Iglesia: la fundación hace 400 años de la Congregación de Propaganda Fide —hoy, para la Evangelización de los Pueblos— y de la Obra de la Propagación de la Fe, hace 200 años, que, junto a la Obra de la Santa Infancia y a la Obra de San Pedro Apóstol, obtuvieron hace 100 años el reconocimiento de ‘Pontificias’”.

En los fundadores de las OMP, como en cualquier discípulo que quiera seguir a Jesús de cerca, identifica el Papa los tres fundamentos de su vida y de su misión, recogidos en el texto de los Hechos de los Apóstoles: “Para que sean mis testigos”, “hasta los confines de la tierra” y “el Espíritu Santo vendrá sobre ustedes y recibirán su fuerza”. Ser testigo es a lo que está llamado cada cristiano, porque la Iglesia “no tiene otra misión si no la de evangelizar el mundo dando testimonio de Cristo. La identidad de la Iglesia es evangelizar”. El “hasta los confines de la tierra” es un cuestionamiento a todo discípulo para “ir siempre más allá de los lugares habituales para dar testimonio de Él”, porque “ninguna realidad humana es extraña a la atención de los discípulos de Cristo en su misión”. Y todo ello sabiendo que “el Espíritu es el verdadero protagonista de la misión, es Él quien da la palabra justa, en el momento preciso y en el modo apropiado” y es, también, “la única fuerza que podemos tener para predicar el Evangelio, para confesar la fe en el Señor”.

Ese mismo Espíritu inspiró a las fundadoras y fundadores de las Obras Misionales. La primera de ellos, Paulina Jaricot, cuya beatificación se celebrará este año, “acogió la inspiración de Dios para poner en movimiento una red de oración y colecta para los misioneros, de modo que los fieles pudieran participar activamente en la misión ‘hasta los confines de la tierra’. De esta genial idea nació la Jornada Mundial de las Misiones que celebramos cada año, y cuya colecta en todas las comunidades está destinada al fondo universal con el cual el Papa sostiene la actividad misionera”. Recuerda también el Papa Francisco al obispo francés Charles de Forbin-Janson, que comenzó la Obra de la Santa Infancia para promover la misión entre los niños con el lema “Los niños evangelizan a los niños, los niños rezan por los niños, los niños ayudan a los niños de todo el mundo”; así como a la señora Jeanne Bigard, que dio vida a la Obra de San Pedro Apóstol para el sostenimiento de los seminaristas y de los sacerdotes en tierra de misión. Estas tres obras misionales fueron reconocidas como “pontificias” precisamente hace cien años, recuerda el Papa Francisco. “Y fue también bajo la inspiración y guía del Espíritu Santo que el beato Pablo Manna, nacido hace 150 años, fundó la actual Pontificia Unión Misional para animar y sensibilizar hacia la misión a los sacerdotes, a los religiosos y a las religiosas, y a todo el Pueblo de Dios. El mismo Pablo VI formó parte de esta última Obra y confirmó el reconocimiento pontificio”. Espero, concluye el mensaje, “que las Iglesias locales puedan encontrar en estas Obras un sólido instrumento para alimentar el espíritu misionero en el Pueblo de Dios”.


Fuente: OMP España

21 de mayo de 2021

La Jornada de la Juventud debe ser una “experiencia misionera”

 La misión es uno de los ejes básicos que el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida ha recogido en el documento sobre las Orientaciones pastorales para la celebración de la Jornada Mundial de la Juventud en las Iglesias particulares.



Estas orientaciones recuerdan que la institución de las Jornadas Mundiales de la Juventud ha sido “una gran intuición profética de san Juan Pablo II”, así como que el papa Benedicto XVI destacó “cómo estos acontecimientos representan un don providencial para la Iglesia” y que también “para el papa Francisco, las Jornadas Mundiales de la Juventud constituyen un impulso misionero de extraordinaria fuerza para toda la Iglesia y, en particular, para las generaciones más jóvenes”.

Si bien las celebraciones internacionales suelen tener lugar cada tres años, en las Iglesias particulares se celebran en muchos casos anualmente, lo que tiene un gran significado y valor no solo para los jóvenes, sino para toda la comunidad eclesial local, al convertirse en una “fiesta de la fe” y una oportunidad de sensibilizar y formar a toda la comunidad eclesial en la misión de transmitir la fe a las nuevas generaciones.

Las orientaciones pastorales pretenden, por ello, animar a las Iglesias particulares a que aprovechen cada vez más la celebración diocesana y a que la consideren una ocasión propicia para planificar y llevar a cabo, de forma creativa, iniciativas que muestren que la Iglesia considera su misión con los jóvenes “una prioridad pastoral histórica, en la que invertir tiempo, energías y recursos”, pues los jóvenes quieren participar y ser apreciados, sentirse coprotagonistas de la vida y la misión de la Iglesia. Se recuerda que el papa Francisco quiso relanzar la celebración de la jornada de la juventud en las Iglesias particulares y anunció que, a partir de 2021, esta celebración, que tradicionalmente se vivía en el Domingo de Ramos, se celebrará en el domingo en el que tiene lugar la solemnidad de Cristo Rey.

En resumen, los “puntos clave” que se resaltan son: “la Jornada de los jóvenes debe ser una ‘fiesta de la fe’; debe ser una ‘experiencia de Iglesia’, debe ser una ‘experiencia misionera’; debe ser una ‘ocasión de discernimiento vocacional’ y una ‘llamada a la santidad’; debe ser una ‘experiencia de peregrinación’; debe ser una ‘experiencia de fraternidad universal’”.

Respecto de la misión, se afirma que la Jornada Mundial de la Juventud “ha demostrado ser una excelente oportunidad para que los jóvenes tengan una experiencia misionera” y se propone el mismo modelo para la jornada diocesana porque “como dice el papa Francisco ‘la pastoral juvenil debe ser siempre una pastoral misionera’”. En este sentido se proponen diversas iniciativas para fomentar el testimonio cristiano de los jóvenes, el voluntariado y el servicio gratuito.

Es muy importante el reconocimiento que contiene el documento al interés misionero y a la iniciativa de los jóvenes para la misión. Desde las Obras Misionales Pontificias se ha fomentado la dimensión misionera de las jornadas mundiales de la juventud en Colonia, Madrid, Rio de Janeiro… con diferentes iniciativas. Sería muy interesante que, con motivo de estas celebraciones tanto mundiales como diocesanas, el espíritu misionero de los jóvenes fuera recogido, fomentado y presentado como uno de los signos de vitalidad de la Iglesia.

23 de marzo de 2021

Mensaje del Papa Francisco para la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones

En la Solemnidad de San José, el PaEpa publica su mensaje para esta Jornada, que en España se celebra junto a la de Vocaciones Nativas, presentando como ejemplo de fidelidad a la vocación, la fidelidad del santo patrón de la Iglesia. Por eso, el mensaje tiene como título: “San José: el sueño de la vocación”.


El Papa recuerda que, para este año dedicado especialmente a San José, publicó la carta Patris Corde sobre esta “figura extraordinaria, y al mismo tiempo tan cercana a nuestra condición humana” que “con su vida ordinaria, realizó algo extraordinario a los ojos de Dios”. En su corazón, Dios reconoció “un corazón de padre, capaz de dar y generar vida en lo cotidiano” y es a esto a lo que tienden las vocaciones: “a generar y regenerar la vida cada día”.

“El Señor”, dice el Papa Francisco en el mensaje, “quiere forjar corazones de padres, corazones de madres; corazones abiertos, capaces de grandes impulsos, generosos en la entrega, compasivos en el consuelo de la angustia y firmes en el fortalecimiento de la esperanza. Esto es lo que el sacerdocio y la vida consagrada necesitan, especialmente hoy, en tiempos marcados por la fragilidad y los sufrimientos causados también por la pandemia, que ha suscitado incertidumbre y miedo sobre el futuro y el mismo sentido de la vida”.

El mensaje recoge tres palabras clave que San José sugiere para toda vocación: sueño, servicio y fidelidad. “Todos en la vida sueñan con realizarse. Y es correcto que tengamos grandes expectativas, metas altas antes que objetivos efímeros —como el éxito, el dinero y la diversión—, que no son capaces de satisfacernos. De hecho, si pidiéramos a la gente que expresara en una sola palabra el sueño de su vida, no sería difícil imaginar la respuesta: ‘amor’”. Los Evangelios narran cuatro sueños de San José, “llamadas divinas”, tras los cuales, “José tuvo que cambiar sus planes y arriesgarse, sacrificando sus propios proyectos para secundar los proyectos misteriosos de Dios”. Porque “no hay fe sin riesgo”.

El servicio, que marca el itinerario de San José, se revela en “que vivió enteramente para los demás y nunca para sí mismo”. San José era “la mano tendida del Padre celestial hacia su Hijo en la tierra. Por eso, no puede más que ser un modelo para todas las vocaciones, que están llamadas a ser las manos diligentes del Padre para sus hijos e hijas”.

La fidelidad, la tercera palabra sobre la que se centra el mensaje, muestra, en San José, que “la existencia se construye sólo con la continua adhesión a las grandes opciones”. La vocación, al igual que la vida, “sólo madura por medio de la fidelidad de cada día”. Y es la fidelidad, el secreto de la alegría, “la alegría cotidiana y transparente de la sencillez, la alegría que siente quien custodia lo que es importante: la cercanía fiel a Dios y al prójimo”. Una alegría que el Papa desea para todos los que “han hecho de Dios el sueño de sus vidas, para servirlo en los hermanos y en las hermanas que les han sido confiados, mediante una fidelidad que es ya en sí misma un testimonio, en una época marcada por opciones pasajeras y emociones que se desvanecen sin dejar alegría. Que san José, custodio de las vocaciones, los acompañe con corazón de padre”.


                                                      Fuente: OMP España