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5 de septiembre de 2017

#VeranoMisión. JESÚS Y ANA EN PERÚ, UNA EXPERIENCIA INOLVIDABLE

Jesús García González y Ana Sánchez Vicente,  miembros de Pastoral Juvenil de Plasencia, comparten con nosotros su experiencia misionera vivida este verano en Perú, en la Región Madre de Dios situada en plena selva del Perú, en una casa de acogida para niños que viven diferentes situaciones de vulnerabilidad.




 Este mes hemos vivido una experiencia que ha marcado nuestras vidas.
Montados en el avión resonaba aún en nuestras cabezas las palabras de nuestros familiares y amigos que nos animaban y a la vez se preocupaban por cómo nos iría allí. A eso se sumaban los nervios, los meses de espera, vacunas...etc y una pregunta que no podíamos parar de hacernos ¿estoy preparado para ayudar? ¿Qué puedo ofrecer yo a los demás? ¿Cómo puedo servirles? Íbamos a Puerto Maldonado, una ciudad en la selva del Perú, situada al sureste del país y haciendo frontera con Brasil y Bolivia. Sin duda una visión muy distinta a la que estamos acostumbrados. Calor, humedad, arroz en todas sus formas y de todas las maneras posibles, plátano frito, aguaje, copoazú, papaya, motocarros, calles sin asfaltar, “cuartos”, distintas miradas, otro color de piel, palabras diferentes, otra moneda...Mucha novedad en muy poco tiempo. Comenzaba nuestra experiencia.
Cuando nos dimos cuenta ya estábamos en esa casa, y Teresa, la misionera encargada de la casa ya estaba esperándonos. Los primeros días nos sentíamos extraños, no sabíamos si estábamos allí, sentíamos una sensación de inseguridad de no saber si estábamos haciendo de forma correcta las cosas. Muchas dudas, muchos pensamientos rondaban todo el día por nuestras mentes, sobre todo al descubrir las situaciones tan duras por las que aquellos niños y niñas habían visto y vivido siendo tan pequeños. Pronto esos pensamientos se fueron diluyendo, el ponernos en manos del Señor, la oración, nos ayudó pronto a darnos cuenta de que nuestra labor no era la de hacer grandes proyectos, tampoco la de ser superhéroes o solucionar la vida de nadie, simplemente nos quería allí para ESTAR con ellos, con los niños.
Con el paso de los días íbamos conociendo las distintas realidades que sufrían estos niños por parte de sus propias familias desde pequeños... testimonios desgarradores, que nos hacía quedarnos perplejos ante tanta crueldad y maldad. Pero sin duda era mucho más emotivo y gratificante ver sus muestras de cariño, sus sonrisas, incluso sus enfados y peleas entre ellos mismos, estaban siendo NIÑOS, seguramente, por primera vez en sus vidas. Así iban pasando los días, jugábamos, salíamos al parque, les ayudábamos en lo académico, rezábamos.... Además de trabajar cosas sencillas como lavarse los dientes, comer todos juntos o incluso descubrir que lavar la ropa todos juntos puede ser muy divertido. Nos estábamos convirtiendo en una gran familia.
Si ha habido algo que sin duda nos ha marcado todo nuestros días de misión en Puerto Maldonado ha sido las familias.  Cuando te encuentras delante de una niña de 7 años que es responsable de sus tres hermanos pequeños los cuales han sufrido durísimas situaciones, porque sus padres literalmente se han desentendido de ellos nos hizo plantearte si agradecemos suficiente a nuestra familia todo lo que se preocupan por nosotros y todo el amor que nos muestran. replanteas si realmente algunos de nuestros “problemas de aquí” tienen la importancia que les damos ya que su realidad familiar es muy diferente de la nuestra. Quizás tenemos más suerte de la que pensamos, no nos damos cuenta y no lo agradecemos.  Es entonces cuando comienzas a valorar desde ducharte con agua caliente hasta  el cariño y respeto con el que te ha tratado tu familia durante toda tu vida.
Es por eso que desde el primer día hemos intentado ser uno más y hacernos partícipes viviendo como una gran familia.
En definitiva, ha sido un tiempo de conocer un poco la realidad de otros lugares y las desigualdades que podemos encontrarnos en él. Un tiempo para conocernos a nosotros mismos, salir de la rutina y sumergirnos en otra realidad completamente distinta a la que vives a diario. Todo esto, para que cuando volvamos a nuestra realidad, veamos de que manera poder aportar algo a las personas que están a nuestro lado para mejorar nuestro mundo.
Por último dar Gracias a Dios por haber vivido esta experiencia en todo momento junto a ÉL, teniéndolo presente, sintiendo su ayuda en los momentos más difíciles y agradeciéndole tanto bueno como nos ha dado durante todos los días de nuestra vivencia en Puerto Maldonado.

                                                                                                                        Jesús y Ana